El futbol bajo control social

Hoy en la ciudad de Tarija se inaugura el congreso de la Federación Boliviana de Futbol (FBF) que debatirá la nueva visión y el futuro del deporte más popular del país; además de un tema muy accesorio: la renovación total de la dirigencia futbolera y la forma más honrosa para que los dirigentes cuestionados se retiren, y además renuncien a sus cargos y a muchos privilegios. En medio de una crisis institucional provocada por estos dirigentes obstinados al mando de un proyecto agotado y estéril, han sobrado los argumentos que explican el desastroso horizonte de nuestro futbol.

Todo parece señalar que este evento se constituirá en un congreso refundacional de la FBF, de tal modo que se elija un equipo transitorio, que prepare la propuesta de las leyes y los estatutos más urgentes que regulen esta actividad deportiva. Pese a todos los problemas y los escándalos, como nunca la FBF tiene ante sí la mejor oportunidad para convertirse en la primera organización participativa de la sociedad civil, en la que las bolivianas y los bolivianos amantes del futbol, individual o corporativamente, ejerzan su derecho a participar en las instancias de supervisión, vigilancia y control del ejercicio de la democracia interna; y además de materializar efectivamente su derecho a ser representados en todas las instancias ejecutivas del futbol boliviano. Por tanto, en este congreso de la FBF no se deben cometer errores, porque lo peor que puede ocurrir es que los interesados estén pidiendo el cambio y luego nadie sepa dónde ir; quedándonos simplemente con una permuta de poderosos y privilegiados.

Se ha hablado de la necesidad de una intervención estatal, pero no debemos olvidar que el gobierno central, los gobiernos municipales y departamentales ejercen, en los hechos y en las normas, una intervención directa en el futbol, conservando la propiedad de los campos deportivos, eximiendo de impuestos y donando fondos públicos para el fortalecimiento de los equipos, otorgando y registrando la personalidad jurídica de los clubes de futbol, entre otras facultades de regulación de actividades deportivas que es necesario reconocer. Pero la intervención política que hay que evitar, es aquella que está insinuando la toma estatal de la dirección del ente matriz del futbol, utilizando los mismos mecanismos autoritarios y policiacos que fueron aplicados, por ejemplo, para nacionalizar o intervenir empresas. Para evitar que el Estado elija unilateral y dictatoríamente a las autoridades y capitanee los destinos del futbol, será mejor que los asistentes al congreso procedan con cautela, mucha inteligencia y la suficiente madurez para elegir la mejor solución para esta crisis.

El futbol no es patrimonio exclusivo de los dirigentes, es también de los jugadores y jugadoras, los técnicos, los jueces, los espectadores, los hinchas, los jóvenes, niñas y niños, es de sus madres y padres, en suma es de la familia boliviana entera, o si se quiere, de la sociedad civil que se ha apropiado de esta actividad deportiva de pleno interés público.  El Estado debería ocuparse propositivamente del futbol, inyectando en las nuevas reglas esos principios democráticos y participativos que tanto pregona, especialmente sobre temas tan cuestionados como la elección de autoridades del futbol, el voto nominal y directo (no secreto) en la FBF, la fiscalización pública de las finanzas, la regulación de los pases, así como los derechos de TV, las políticas de género, el control social y tantos otros temas, que de tener la adecuada atención y solución podrían convertirse en la primera experiencia influyente y exitosa en el ámbito internacional del futbol. Es hora de cambiar y hay que hacerlo sin miedo a romper con esos tabúes tan nocivos como el continuismo que ha coleccionado fracasos.

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