Cría cuervos y se bajarán las dietas

Todos los ciudadanos y ciudadanas hemos notado el poco tacto con el que han actuado algunos concejales y asambleístas departamentales para tratar en público el tema de la rebaja de sus dietas. Estos concejales creen que, al mostrase muy solidarios con la población de escasos recursos, están incrementando su popularidad, y lo que han encontrado es el efecto contrario. A la mayoría sensata del pueblo le ha conmovido el sólo hecho de pensar que el destino su ciudad está en manos de unas autoridades mal pagadas con la cara de mártires sociales de poca valía. Desdichado futuro nos espera si se materializa esta rebaja de dietas.  Nada cuesta recordar los primeros años de nuestra era democrática (1982 – 1985); cuando los políticos, especialmente de izquierdas, lanzaban discursos “socializantes” cargados con mensajes de desprendimiento humano y de sacrificio por las mayorías empobrecidas, haciendo gala de renuncias a dietas o anunciando rebajas sustanciales a sus emolumentos, con el fin vedado de congraciarse con un gentío que estaba acostumbrado a convivir con dictadores castrenses cuyo único oficio era atiborrarse de dineros públicos más allá de la saciedad. Poco tiempo duraron estas conductas filantrópicas de las autoridades, de hecho muy mal vistas, porque se descubrió que las renuncias públicas a las dietas y otros pagos, eran inmediatamente compensados con dineros que la corrupción pública canalizaba directamente a sus bolsillos.

Estos demagógicos anuncios son la mejor forma de degenerar la democracia, porque los concejales y los asambleístas al desvivirse con falsos altruismos y halagos innobles hacia los sentimientos elementales de los ciudadanos sólo han logrado mantenerse en el poder y no caer en el anonimato, menos en el olvido; además les han servido para destacar y alcanzar un protagonismo que el pueblo reprocha de callado. Por el contrario, al pueblo le interesa mucho que sus líderes perciban buenas dietas para que realicen excelentes gestiones, como comúnmente se estila en los países con democracias mucho más modernas y avanzadas que la nuestra. En estos países la regla dice que al pagar muy bien a las autoridades se logra enaltecer su propia dignidad. Hasta en nuestra vivencia post colonial conocemos reglas tan elementales que impiden a alguien elegir como padrino de su matrimonio a una persona que tenga menos talentos o dineros que uno mismo, siempre se ha escogido a padrinos más ricos o mucho más ingeniosos o entendidos. Así ve la población a sus líderes, bien sustentados y bien pagados. Pero, lo peor de todo es que los políticos ahora están empeñados en bajar su autoestima a grados tan insospechados que la mayoría de la gente dejará de considerarlos grandes y felices.

Hasta los equipos de futbol tienen directores técnicos muy bien pagados; o el lector conoce el nombre de algún director técnico que haya pedido rebaja de su sueldo sólo por estar a tono con los futbolistas más pobres. Lo que haría simplemente es conseguir otro equipo donde le paguen bien o mejor. Así los mejores capitanes de barcos o aviones; gerentes de empresas, alcaldes de ciudades o los grandes presidentes de países siempre estuvieron muy bien remunerados. ¿Dónde está el problema?. Todos estaríamos contentos si nuestras autoridades gozan de dietas que les permitan aumentar su dignidad personal de tal modo que aumentemos nuestra convicción y admiración hacia ellos. En fin, nadie debería confiar en una autoridad que pide ganar tan poco, incluso menos que sus empleados, ¿será porqué algo trae entre las manos? Nuestra ciudad no está tan mal como para permitir que las autoridades se menosprecien voluntariamente. Esto es ridículo y mañoso.

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