El sofá de cuero

Las aguas volvieron a su cauce después de que una multitud desordenada y confusa de bolivianos obtusos fue utilizada para debatir, gratuitamente, sobre la imagen de una mujer esparcida eróticamente en un sofá de cuero. Los empresarios posicionaron hábilmente en las mentes débiles lo que querían: vender sofás de cuero o, por lo menos, hacer que el nombre de la empresa sea un sinónimo de esos lujuriosos sofás. Se trata pues de un mecanismo  de mercadeo y que esta empresa ha empleado en años pasados. Ninguna novedad y hasta aquí todo está claro.

Pero todo comienza a enturbiarse, cuando los agentes del Gobierno manipularon encubiertamente este anuncio comercial para ofuscar y confundir a los bolivianos cándidos, y como siempre para distraer y descuidar la atención que la ciudadanía había puesto en las consecuencias negativas y desastrosas que el partido azul estaba soportando peligrosamente después de la muerte misteriosa de uno de sus viceministros, en un escenario controlado por sus propios militantes y aliados. Ningún boliviano sensato, tampoco los bobos, se tragaron la excusa envolvente de que todo fue producto de una confabulación contra el Gobierno o de una intentona golpista. Una carcajada universal acompañó semejante excusa, complicando aún más los males intestinos en el partido azul. Los comunicadores gubernamentales necesitaban enterrar rápidamente este desastre y se les cruzó en el camino el bendito anuncio comercial, el sofá de cuero y esa mujer desnuda. Ideal momento para que todos los incautos caigan rendidos ante el escándalo artificial que habían diseñado.

Los que bien saben adular a los gobernantes azules salieron de manera coordinada a la palestra para salvarlos del difícil momento, y como resulta obvio esparcieron unas lecciones de moralidad sobre el anuncio publicitario, y que para ellos bajo ningún concepto contiene una supuesta violencia mediática contra la mujer. Así de fácil el debate estaba servido, y en este momento los imprudentes picaron el anzuelo. Los colectivos feministas rasgaron sus vestiduras, los conservadores más beatos se santiguaron hasta sacarse callos, y así sucesivamente se contaminaron las redes sociales con comentarios y fotografías de toda calaña, muchos de tinte jocoso y otros de menor impacto cargados de amenazas serias con procesamientos judiciales.

Para esconder sus males bien le ha servido al Gobierno la frivolidad que ha dirigido la vida pública boliviana en torno a un simple anuncio publicitario. Pero detrás de este incidente molestoso, se ha notado la activa participación de muchas personas, mujeres y hombres modernos, sumergidas en una honda reflexión para defender a ultranza esas convicciones fundamentales como el respeto a la libertad y la igualdad, como el sentido de tolerancia y de solidaridad inherentes a la sociedad moderna, el mundo civilizado y también al Estado de Derecho. Con este argumento no cuesta nada rechazar expresamente esos debates superfluos que cultivan la trivialidad y la tibieza moral; y que al final de cuentas sólo proyectan un pensamiento débil a las generaciones venideras. Hay que salvar a nuestros compatriotas frívolos ahora que el proyecto comunitario del partido azul se está agotando por dentro. Pasemos hoja y concentrémonos en controlar y vigilar a los gobernantes, que nos están robando no sólo el tiempo, sino también el dinero. Esto sí que es grave.

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