El sexto concejal del MAS sembrará tempestades

El presidente Evo Morales ha contaminado los primeros siete días de la gestión del nuevo alcalde de Cochabamba, Edwin Castellanos, con el anuncio de que el sexto concejal del Mas se activará con los movimientos sociales, como un elemento de presión sobre los concejales de la oposición, que tienen el dominio del Concejo, para que se unan forzosamente al cambio, porque de lo contrario pueden ser los “responsables de la ingobernabilidad”. Este mal augurio nos trae a la memoria, lo que con mucho dolor hemos vivido aquel 11 de enero de 2007, cuando Evo Morales mandó a los movimientos sociales contra las puertas de la prefectura y contra el último prefecto republicano, Manfred Reyes. Esta fue la oportunidad en la que el pueblo salió a enfrentar esos grupos humanos amorfos que exaltaban la intromisión del gobierno central en asuntos propios de los gobiernos locales. Tan sólo por odiar al prefecto cuestionado fue que el alcalde, Chaly Terceros, se alió con el gobierno y se alejó de los cochabambinos y cochabambinas, dando inicio a la peor gestión municipal que haya conocido la historia de este campanario.

Al nuevo alcalde Castellanos y a su Concejo Municipal debemos recordarles que tienen un gran compromiso con Cochabamba; y no con los cocaleros o esos movimientos sociales importados de otros municipios. Si el propósito del presidente es provocar terror con el sexto concejal para imponer un modelo de gestión municipal sin control o de impedir la labor de fiscalización dentro del municipio de Cochabamba, está equivocando el camino. Se tiene escrito que durante los últimos cinco años algunos concejales del Mas impidieron la fiscalización a la gestión de su aliado Terceros, encubriendo su pésima gestión y postergando la impunidad.

Cochabamba no quiere que los movimientos sociales decidan su futuro, especialmente aquellos que organizan enfrentamientos y provocan la intransigencia. El sombrío 11 de enero fue la primera experiencia y ojala que sea la última. Resultaría demasiado oneroso en términos de ceguera, si las gentes cochabambinas tienen que salir nuevamente a las calles para expulsar a quienes quieren adueñarse de las calles y las propiedades públicas sólo para lograr que los concejales opositores al Mas piensen de una manera uniforme con el gobierno central o no fiscalicen la gestión municipal. Será un gobierno municipal difícil.  Los concejales opositores, con la presidenta y el secretario del Concejo a la cabeza, seguro tienen la misión de abrir la olla para acusar la corrupción en la gestión de Terceros; y lo que queda es que el Mas intente tapar esta olla, cortando aquella cabeza, si es necesario. Todo hace presagiar una gestión bastante tormentosa, pero es algo por lo que el Concejo tiene que pasar al principio, para conocer el pensamiento de los nuevos concejales y sus verdaderas intenciones.

Los concejales opositores al Mas dijeron que no ambicionan ventajas particulares para sí mismos, y han comprometido su capacidad de trabajar desinteresadamente a favor de la unidad general de esta ciudad. Entonces, es su deber convencer a Castellanos para perfilar un acuerdo aglutinador y motivador para la ciudadanía, de lo contrario volverán las tempestades, chorreadas con la violencia del sexto concejal del Mas que sólo conoce de presión para imponer políticas municipales diseñadas en Palacio Quemado. Edwin Castellanos tiene en sus manos las llaves de la ciudad para abrir o cerrar las puertas, para meter o sacar gentes infelices, para desarrollar o postergar, para unir o dividir. Si los frutos resultan podridos, nadie dudaría en activar el recurso de la revocatoria de mandato. Así, más les vale a todos obrar bien y en calma.

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