El nuevo Prefecto y su familia

En el último artículo publicado el pasado sábado 12 en esta columna se dijo, en resumen, que el “prefecto autonómico”, elegido democráticamente, en lo económico seguirá dependiendo de las transferencias del TGN o arremeterá normativamente para crear nuevos impuestos de dominio departamental que le permitan sobrevivir en el marco de la autonomía, siempre contra el bolsillo del contribuyente.  Contra esta hipótesis, que tiene bastante sustento objetivo, se han pronunciado algunos ciudadanos que para evitar el consuelo de la autonomía han pegado el grito más libertario e independentista que me ha tocado escuchar.  En suma se dice de contrario que el contribuyente, esté dónde esté, tiene el deber de contribuir, en proporción a su capacidad económica, al sostenimiento de los servicios públicos, como manda la Constitución Política del Estado.

Tengo que admitir que los observadores del artículo tienen razón, pero para agregar más objetividad al asunto me cabe indicar que Bolivia no sólo esta constituida por “contribuyentes aislados y unipersonales”; en realidad somos una gran familia de contribuyentes, unidos y conglomerados en un cuerpo social, que en el caso particular de las autonomías se reúnen en un departamento.  Y a la postre el prefecto resultará siendo el primero de una familia conformada por iguales.

El problema de sí vamos a contribuir con carácter privilegiado a nuestra prefectura, como gobierno departamental, o al gobierno central de La Paz, tiene una solución general y pasa por las relaciones que el nuevo prefecto mantendrá con sus electores.  Relaciones que deberán ser fundamentales como aprendizaje para los vínculos con el resto de la sociedad. El nuevo prefecto no debe dudar en ser coherente con lo que dice y hace para que el grupo social que lidera lo vea como un individuo equilibrado y firme de manera que los “contribuyentes departamentales” que forman su familia, puedan depositar en él su confianza y …… su dinero.

En este momento y en todos los departamento de Bolivia, comienzan a salir las cabezas de los candidatos a prefectos.  Son estos líderes los que deben mostrarse fuertes e vigorosos ante sus coterráneos. La historia ha demostrado que la elección de prefectos mediante una decisión unilateral del Presidente de República ha constituido una falta grave que generó un conflicto de entendimiento con los ciudadanos; y que ahora debe terminarse de forma tajante. Hemos tardado en entender, pero debemos asumir nuestra complicidad silenciosa en esa falta grave.  Entonces, es necesario elegir prefectos y para ello todas las familias departamentales que elijan uno deben dotarle de la facultad de asumir cierta severidad en el cumplimiento del deber. No hay de qué preocuparse si el prefecto, creativamente y para sostener el departamento, tiene que echar mano a un dinero, aunque exiguo, lo tenemos nosotros, los contribuyentes. Ni modo.

Quitando del cuadro todas esa imágenes fanáticas y marginales, lo de Santa Cruz, sirve como un gran ejemplo.  El nuevo prefecto debe saber entender la imagen que refleja ese cuadro, si su deseo más intimo es lograr que su departamento siga progresando.  El egocentrismo y el egoísmo regionales que inundan algunas autonomías de este país, deben ser evitados para prosperar, y de esta suerte cada prefecto debe aprender a compartir con espíritu amigable sus cosas con sus lugareños y los demás ciudadanos del país. Así ellos, sin exclusiones, le darán su absoluta confianza. El nuevo prefecto no debe dudar en aprender de los demás todo aquello que vea conveniente emular.  Las grandes familias, como nuestros departamentos, se gobiernan con el mejor ejemplo, como lo haría un buen padre de familia.  Así dará gusto ser hijo de la tierra amada y no un simple pariente.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.