El ISAE para los turistas, sin turistas.

El ministro de la Presidencia, Guillermo Justiniano ha informado que los partidos políticos que forman la coalición de gobierno definirán cómo resolver los cuestionamientos contra el impuesto a las salidas al exterior (ISAE) y a la mejora de los bienes inmuebles rurales, inscritos en la Ley 843.  El ISAE y el impuesto sobre las mejoras a los bienes inmuebles rurales obstaculizan la aprobación de esta norma legal. Sectores vinculados a la actividad  turística y partidos políticos opositores expresaron algunos cuestionamientos a estas iniciativas de reforma.

Una vez más los políticos definirán en el Parlamento si se impone el estribillo del asaltante caminero: «la bolsa o vida».  En el proyecto de reforma de la Ley 843 el gobierno ha estipulado la incorporación de los viajeros extranjeros como sujetos pasivos del ISAE con el estribillo «pague si quiere salir». Como es lógico el asaltante caminero siempre se queda con la bolsa y como también resultará obvio el gobierno terminará siempre cobrando este impuesto. Con la universalización tributaria que pretende el Ministerio de Hacienda se estima recaudar alrededor de 25 millones de bolivianos al año, monto que será destinado a la creación de un Fondo Nacional de Promoción del Turismo como establece la nueva Ley de Organización del Poder Ejecutivo.

El ISAE no es un impuesto a las salidas, es un tributo sobre el derecho de libre tránsito que infundirá temor en los potenciales viajeros extranjeros que verán en el gobierno boliviano un simple bloqueador de aeropuertos.  Al persistir este temor muchos operadores de turismo del extranjero están analizando seriamente la exclusión de Bolivia de los circuitos turísticos, lo que perjudicaría notablemente a esta actividad y el efecto multiplicador que genera el sector se estancaría sin remedio.  Con este estilete los hoteleros del Chapare serán inmolados de forma incontestable.

Con la Ley de Promoción y Desarrollo de la Actividad Turística del año 2000 se otorgaron importantes incentivos fiscales para evitar la exportación de componentes tributarios en las facturas por la venta de servicios turísticos que efectúen los operadores nacionales de turismo receptivo en el exterior; y por los servicios de hospedaje prestados por establecimientos hoteleros a turistas extranjeros sin domicilio o residencia en Bolivia. 

Contra toda lógica el gobierno pretende imponer a los turistas un tributo que desmotiva a cualquiera de ellos, incluso a los más modestos.  Nuestros amigos cruceños dicen, irónicamente, que la mayoría de viajeros extranjeros que ingresan en Bolivia son clase «Y», con la «ye» de yescas (humildes y sencillos).  A nuestro país no llegan los turistas clase «A» que tienen sus destinos de ocio en países que promueven sus valores turísticos sin cobrar impuestos.  En estos lugares se fomenta el gasto irrestricto de dólares y euros en servicios internos (morales o inmorales), generando la movilización orgánica e integral de sus economías.

Todos sabemos que detrás de la cerveza fría que consume cualquier extranjero en Bolivia, y a la orilla de alguna piscina de hotel, existen más de mil empleos directos e indirectos para bolivianos.  En este escenario sólo agreguemos el ISAE y veremos sólo la piscina con las aguas estancadas.

Lo que el gobierno debe hacer ahora es dejar de pensar en nuevos impuestos.  Si cree que generar conflictos sociales a base de «impuestazos» despierta la sensibilidad de los financiadores extranjeros, adelante con el ISAE, así tendremos recursos frescos sin oprimir a los turistas.  Pero «el mecanismo del impuestazo» que utilice el gobierno deberá ser ejecutado entre lapsos razonables de tiempo y no cada vez que el Ministro Justiniano toma la palabra.

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