Don Cayetano así nomás había sido… libre

Se publica hoy el último artículo perteneciente a la columna Entre Paréntesis de don Cayetano Llobet, nuestro vecino dominical en este barrio de papel. Aquí en Los Tiempos se le permitió ejercer la libertad de expresión, como la real y sana convivencia humana lo autoriza, sin censuras o presiones, animando a sus lectores a no abandonar el camino de la libertad y amputar cualquier idea o frenesí que colabore con el totalitarismo. Deben estar tristes por la irremediable pérdida de este escrupuloso analista y pensador, aquellos directores de periódicos que, guiados por una endeble moral ante la verdad o el apego oportunista al poderoso, tuvieron que prescindir del destacado columnista, porque ya de nada sirve colocar, detrás de los fingimientos e hipocresías, el recuerdo póstumo de su paso por algunos medios.

Este señor nunca dejó a nadie indiferente y será por eso que generó fastidio en los círculos del poder totalitario que presionaron a todos los canales de televisión para suprimir su inolvidable programa televisivo “Momento de Opinión”. En fin, así fue don Cayetano. Un protagonista que discurrió su vida pintándola con color blanco profundo para resaltar la libertad y a la que “nunca me atreví a traicionar” decía. También utilizó la tinta sombría para criticar directamente a todos los poderosos, especialmente cuando él creía que se habían equivocado o estaban administrando mal la cosa pública. Fue uno de los primeros analistas que, allá por los días de octubre de 2003, había denunciado el entrampamiento del país entero en una de las crisis de supervivencia nacional, que resultó ser la más aguda de nuestra historia. Nunca olvidaremos sus arengas dominicales que nos ayudaban a discernir entre lo poco importante que era facilitar el gobierno de un vicepresidente conjurado o la urgencia de preservar la salud de la República. Bolivia, hipnotizada y bajo presión social, optó por lo menos importante, terminó liquidando lo republicano y materializó las codicias de algunos vivos que habían abierto un camino oscuro hacia el poder total.

Don Cayetano fue el primero en decir que mientras más grande es el poder en Bolivia “más chiquita” es la libertad y “mientras más chiquita se va haciendo, los poderosos la ven más exagerada…” Así él cantaba esta paradoja porque era un convencido de que hay poco lugar para el arrepentimiento y mucho espacio para la defensa de la libertad. Haber vivido varios exilios y la persecución, así como haber conocido algunas cárceles y un campo de concentración le fundieron en su tez la expresión humana más vívida que le han convertido en el referente de opinión más importante en la televisión y el periodismo argumentativo bolivianos; y precisamente así fue conocido y admirado por el tono irrompible de sus críticas, el esplendor de sus análisis y la contundencia de sus advertencias. Ahora entendemos con asombro que sí se puede hacer opinión pública en Bolivia así como lo hizo don Cayetano, bajo el convencimiento de que el poder crítico de una columna siempre será lo único que ningún proyecto totalitario podrá eliminar definitivamente. Quizás no hubiera coincidido con Demetrio Canelas, fundador de Los Tiempos, respecto del espejismo que representa el periodismo independiente, porque don Cayetano sí que disfrutaba su independencia, pero sí hubieran armonizado sus ansias para fortalecer la libertad desde esta trinchera de papel.

A Juan Cristóbal Soruco, director de Los Tiempos, el único periódico en Bolivia que acogió a este pensador hasta el final, le corresponde asumir la difícil tarea de explicar a los lectores domingueros que don Cayetano ha dejado de estimular sus vidas con esa prosa libre que todos extrañaremos. A quienes lo mirábamos como un maestro, a partir de ahora tenemos el enigmático encargo de alcanzar la perfecta lucidez de su estrella, que como todo astro tiene nombre y se llama libertad.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.