Desde Kampuchea hasta los ponchos rojos

El miércoles pasado y coordinadamente, Hugo Chávez, Evo Morales y Mahmud Ahmadineyad, abrían fuego contra el imperio en la última asamblea de las Naciones Unidas.  Mientras en Warisata (bastión aymará), Alvaro García Linera y sin que le tiemble el seso, arengaba a los campesinos de la Provincia Omasuyos “como guerreros de la liberación indígena para ir donde nos convoquen, a la cabeza conduciendo a todo el movimiento indígena …..los ponchos rojos tienen que estar firmes para defender el gobierno indígena” (sic).  Después de una lluvia de críticas, al día siguiente las soslayó con el ambiguo cliché: “si he dicho alguna frase que pueda ser entendida de otra manera, pido disculpas, por esa frase”

Con estos ponchos rojos nos trasladamos hacia la Kampuchea de 1975, cabalgando con las temibles palabras y las evasivas disculpas de García Linera. El Jemer Rojo (Khmer Rouge) fue una organización camboyana que construyó un nuevo estado comunista, bajo la orientación de su trascendental dirigente Pol Pot. Durante los cuatro años que duró este régimen (1975 a 1979), conocido como Kampuchea Democrática, el Jemer Rojo consumó el “Genocidio Camboyano”, donde murieron una cuarta parte de los habitantes de ese país, entre ellos varios millones de opositores al gobierno. La ideología de los Jemeres Rojos mezclaba una interpretación inconfundible del maoísmo, ajustándose en la exaltación del campesinado, con las ideas anticolonialistas propias de las guerras de liberación nacional. El resultado final fue una combinación de maoísmo con un nacionalismo extremo, llegando a orientaciones racistas y depredadoras. Las coincidencias pragmáticas son evidentes e insalvables, debido a que García Linera, ya en la década de 1980, se confesaba un fanático seguidor y admirador del mismísimo Pol Pot.

Los ponchos rojos del MAS ambicionan clonar y calcar este resultado trágico en nuestro país, cumpliendo un plan irreversible de exterminio, que ahora está en marcha.  García Linera llama a gritos para alzar las armas y asumir la violencia contra las otras razas, ocultándose detrás de su antiimperialismo, para establecer un régimen totalitario de terror parecido a la trágica Kampuchea, financiado por los chavistas, más el soporte ideológico de Cuba e Irán.  Este escenario maldiciente derivará en el Kollasuyo Democrático que lúgubremente añora el Vicepresidente.

La tragedia se avecina. Los viejos fusiles máuser, ponchos rojos, pasamontañas, wiphalas, qurawas (hondas), y otros instrumentos fuertemente vinculados con la memoria de las luchas indígenas y racistas, han sido violentamente descubiertos por la feroz palabrería de nuestro gobernador suplente.  Lo que queda claro es que los fusiles máuser serán reemplazados, en las manos de los racistas del siglo XXI, por un moderno armamento proveído gratuitamente desde el rio Orinoco hasta Orinoca o Warisata. Vemos sólo ruina y maldición. En serio: el genocidio ha dado su primer alarido y nos ha provocado miedo, sin creer en esas disculpas que extralimitan la franqueza.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.