Cuando te escupen coca masticada en la cara

El Gobierno ha pasado de las recatadas disculpas, que ofreció el ciudadano Presidente por la brutalidad represiva con la que actuó la Policía Boliviana al intervenir la marcha de los indígenas del TIPNIS el pasado domingo, a la agresión directa de  huestes azules que han ejecutado una contramarcha en la ciudad de La Paz “en apoyo al hermano presidente Evo Morales, al proceso de cambio y en defensa de la democracia,… para demostrar al pueblo de Bolivia que estamos listos y unidos para defender este proceso que tanta sangre ha costado”, según decía un dirigente oficialista. Esta contramarcha no terminó bien y fue rechazada por la ciudadanía paceña con insultos, silbidos y hasta amagues de enfrentamiento, durante su recorrido por el centro de la ciudad capitalina. Lo que impresionó fueron esas imágenes que mostraban a campesinos masistas escupiendo coca masticada en la cara de ciudadanos que criticaban la carencia de espontaneidad entre los contramarchistas.

Esas estampas cargadas de agresividad y desvergüenza nos dan una idea clara de que el Gobierno ha inaugurado una temporada de violencia irrefrenable que el país vivirá precisamente en este mes de octubre que, por razones obvias, siempre está pintado de negro. En los próximos días, los estamentos de inteligencia gubernamental expondrán un plan violento para contrarrestar el reinicio de la marcha del TIPNIS o alguna forma cómo trasladar el problema a escenarios donde el MAS tiene el control total de las calles, o allí donde sus huestes puedan demostrar in extremis la brutalidad con la que se oponen a todos aquellos que pretender ser “instrumentos de la derecha que quieren acabar con el proceso de transformaciones» En otras palabras, el MAS está juntando grupos de masistas que arremetan violentamente y amedrenten a los ciudadanos honestos que organizaron vigilias en defensa del TIPNIS.

En los hechos el proyecto carretero continúa, pero esta vez a marchas forzadas. La empresa constructora brasilera no ha suspendido sus obligaciones contractuales y el gobierno de Vilma Rousseff ha confirmado que la financiación para la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio está vigente. Entonces, ¿qué fue lo que Evo suspendió? Nada, simplemente nada. La presión gubernamental sobre la zona del TIPNIS no ha cesado, los movimientos sociales afines al gobierno se han rearticulado y los cocaleros, principales interesados en la carretera, nunca bajaron las banderas. Lo peor de todo es que para los funcionarios del gobierno brasilero se estaría generando un «falso debate» y una «falsa contradicción» entre el desarrollo y la protección ambiental, porque, dicen, son dos temas que pueden «compatibilizarse»

Todo parece indicar que el Gobierno boliviano ha reacomodado sus fichas en el tablero, así como ha reforzado sus opacos compromisos con los estadistas y los empresarios constructores brasileros, y ahora está exaltando los ánimos de los cocaleros y otros movimientos sociales afines para que integren contramarchas violentas con el fin de coaccionar a la ciudadanía y perpetuar la idea de que la carretera que pasará por el TIPNIS se construirá sí o sí, y en cuyas laderas se cultivará tanta coca, pero tanta coca, que faltarán bocas para masticarla, narices para aspirar la cocaína y caras para recibir los escupitajos con ese vicioso olor a corrupción. Desde Palacio Quemado ya se nos advirtió tácitamente que en este mes de octubre sobrará la violencia, que será empujada por gentes azules que se están preparando para arrojarnos saliva verdosa en la cara. ¿Qué más se puede esperar?

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