Control social sobre el futbol

En la ciudad de Tarija y a fines del mes de julio de 2010 se realizó uno más de esos ordinarios congresos de la Federación  Boliviana de Futbol (FBF) y que como siempre terminó con más de lo mismo: inmovilismo y prebenda. Desde esta columna y en esa oportunidad ya habíamos advertido sobre las nocivas consecuencias que soportaría el futbol nacional si no se tomaban medidas urgentes para salvaguardar la institucionalidad y el espíritu futbolero, ahora secuestrados por una cofradía siniestra de dirigentes que siempre están en movimiento y unos detrás de otros en procura de beneficios bochornosos. Aún contra la protección y el aval oficial de que gozan estos personajes, no nos cansaremos de repetir que el futbol no es patrimonio exclusivo de los dirigentes, es también de los jugadores y jugadoras, los técnicos, los jueces, los periodistas, los comentaristas, los expertos, los espectadores, los hinchas, los jóvenes, niñas y niños, es de sus madres y padres, en suma es de la familia boliviana entera, o si se quiere, de la sociedad civil que se ha apropiado de esta actividad deportiva de pleno interés público.

El pasado martes se ha vivido una de las revoluciones más importantes de la historia del futbol nacional, cuando las autoridades deportivas del Gobierno Departamental y de la Alcaldía de Cochabamba, los líderes de la Asamblea del Deporte, los periodistas deportivos y los dirigentes cívicos, junto con los futboleros y futboleras, en un acuerdo sin precedentes lograron superar exitosamente la crisis institucional que soportaba la Asociación de Futbol de Cochabamba (AFC). Triste final para los que creían que podían manipular las ilusiones y sentimientos de centenares de miles de cochabambinos que viven, respiran y sudan futbol. Con este acuerdo se ha introducido por primera vez el concepto de control social, puro y simple, primero para favorecer al deporte y los deportistas; después para erradicar esas taimadas tácticas de los dirigentes enmascarados que hacen buenos negocios para empeorar deliberadamente nuestro futbol, ya de por sí con muchas penas y pocas glorias.

Pero en la FBF existe una casta adicta a la perversidad que supuestamente tendrá que emitir la “última palabra” sobre la elección democrática de la nueva directiva de la AFC y dar su “visto bueno” sobre la “legalidad” de ese proceso electoral. Estamos seguros que desde la FBF mandarán señales negativas y materializarán obstáculos para abortar esta primera experiencia de ciudadanía en acción y de control ciudadano sobre el futbol. De confirmarse esto ya no quedaría duda de que la institucionalidad del futbol se ha convertido en la única coartada de esa cofradía desgastada, alejada de la realidad y divorciada de las realidades que se viven en las canchas, las calles y en las escuelas de futbol. Ya nadie ve con confianza a la dirigencia del futbol, todos dudan de su credibilidad, porque ya es nada, eso mismo, puro humo que se eleva desde el bolsillo y el egolatría de sus actuales dirigentes. Duro, pero cierto.

Ya nada ni nadie tiene que cambiar el rumbo de la elección de la nueva directiva de la AFC porque el acto está cargado de legitimidad y de la aceptación activa del mundo futbolero cochabambino. Fue la mejor alternativa entre todas las opciones disponibles y hay que reconocer que este consentimiento explícito de la ciudadanía ha sido impulsado principalmente por el análisis y la vivencia de los periodistas y los comentaristas deportivos, por el compromiso desinteresado de la comunidad deportiva, los líderes cívicos y las autoridades políticas cochabambinas, a quienes hay que felicitarles públicamente por el logro, que para el bien de todos resultó un acuerdo célebre e inolvidable.

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