¿Confía usted en su contador?

Antes y por responsabilidad corresponde aclarar que está malintencionada pregunta, no sólo es aplicable a los contadores, también a los abogados, dentistas, peluqueros y cualquier profesional que opera de acuerdo a su leal saber y entender.  En realidad el verbo confiar tiene una acepción desconocida para muchos.  El Diccionario de la Real Academia Española nos informa que confiar es: “Depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión de que él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa”.  La confianza puede radicar en un corte de cabello, pasando por la simple compra de una licuadora hasta la contabilidad empresarial, que tiene al mismo tiempo un componente ético bastante importante.

La regla es que los contadores en el ejercicio de su profesión están actuando correctamente y dentro los códigos éticos preestablecidos, por lo tanto, la regla obliga a presumir que el trabajo de ellos es idóneo y pertinente.  Pero toda regla, tiene su excepción.  Existen contadores que burlan y destrozan la confianza de las personas que han depositado en ellos su hacienda y sus destinos tributarios.  Estos desastres lamentablemente no se pueden detectar a tiempo y todo sale a luz cuando lo irreparable ya carcomió el futuro de cualquier empresario.

No faltan los comentarios que indican que el contador X recibió dinero de la empresa Z durante varios años y no pagó los impuestos que se le encargaron por confianza.  O el contador Y no elaboró las declaraciones juradas correctas y ahora la Administración Tributaria persigue al contribuyente por esos errores.  Estos infortunados hechos son el resultado del fraude profesional y del abuso de confianza; lo cual no libera de responsabilidad al contribuyente.

La magnitud de tales pérdidas en los negocios pequeños los hace plenamente vulnerables a la acción despiadada del Fisco, y en muchos casos todo esto conduce directamente a la quiebra de un negocio. Una última estadística realizada en Estados Unidos revela que un tercio de todas quiebras de negocios son el resultado del hurto de los empleados a sus patrones. Se examinó también que en esta ocurrencia se incluyen la corrupción y las declaraciones fiscales fraudulentas.

En cualquier profesión la posibilidad de soslayar un arancel de honorarios y cobrar de menos, por ejemplo, sin que los colegios profesionales o alguien haga algo, contribuye con la deshonestidad del profesional, y esta situación es una invitación abierta por cometer cualquier fraude.  Pero la culpa, no es enteramente atribuible a quien cobra el honorario, sino también a quien lo paga.  Algunos empresarios pagan salarios bajos a sus contadores, lo cual provoca una distorsión bastante pronunciada en el mercado profesional.

Quienes han otorgado su confianza al principal asesor en temas fiscales tienen que reconfirmar su actitud y racionalmente deben percatarse de cualquier eventualidad que pueda ocurrir.  No está de más sugerir que antes de contratar a alguien, se debe llegar al fondo de sus antecedentes y verificar enteramente de cuanto se pueda saber acerca de la experiencia previa del empleado con otros patrones y ante la ley, por su supuesto.

A nadie le cuesta tomarse algún breve tiempo para hacer unas llamadas telefónicas a algunos colegas empresarios u otros profesionales para tomar referencias.  Vale el esfuerzo y cualquiera podría estar agradecido, incluso el postulante para reafirmar su credibilidad.

Siempre será mejor prevenir que lamentar.  Existen seguros en el mercado financiero boliviano que se venden a unos 900 dólares y sirven para resarcir daños por la infidelidad de dependientes, con coberturas bastante interesantes para aquellos empresarios que desean confirmar y reforzar la confianza hacia los que la merecen.

A ninguna gallina le gustará que le saquen las plumas de un solo tirón, pero si se las sacan una por una, cada semana, sólo se dará cuenta cuando esté completamente desnuda.  Estas pequeñas pérdidas, que parecen significantes, resultan siendo el certificado de defunción de cualquier empresario por muy grande o pequeño que sea.   Sólo queda insistir: prudencia, ojos muy abiertos y vigilancia permanente.

Confirmo.  La gran mayoría de los contadores actúan dentro de las reglas éticas y morales establecidas.  La reflexión es para los empresarios que emplean a los contadores que suman esa minoría que se encuentra al margen de la ley y la ética.

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