Con indultos la cocaína florecerá

Evo Morales, en su discurso del lunes 6 de agosto, destacó el simple hecho de que Bolivia ha logrado resultados positivos en la destrucción de los cultivos ilegales de coca, pero de manera solapada ha obviado referirse a la fabricación de cocaína, que se constituye en la principal debilidad y la fundamental amenaza contra su gobierno. No fue necesario aludir a los expertos oficialistas que alardean sobre esa diferenciación odiosa entre la coca y la cocaína, pero los hechos están demostrando que fatalmente para el gobierno del Mas ambas cosas son lo mismo, así como la erradicación de la hoja de coca es una tarea exitosa, también lo es la fabricación de cocaína, que para el año 2011 más de 260 toneladas no fueron suficientes.

De acuerdo con una encuesta realizada por Captura Consulting en las diez ciudades más importantes del país y publicada el lunes en el principal diario de Santa Cruz, la corrupción y el narcotráfico son los dos problemas que más vergüenza provocan entre los bolivianos prudentes, y lo peor de todo es que de acuerdo con otra encuesta realizada en 2011 por Gallup (http://www.gallup.com/poll/156236/Latin-Americans-Least-Likely-Worldwide-Feel-Safe.aspx) el 56 % de los bolivianos se sienten temerosos cuando caminan solos por la noche en la ciudad o el área donde viven. Quizás la sensación de inseguridad pueda incrementarse notablemente ante el anuncio de que unos 574 delincuentes bolivianos, condenados y detenidos en Chile, serán liberados y repatriados en función de una ley del Indulto promulgada en abril pasado por el gobierno chileno con el objetivo de descongestionar las cárceles de ese país, a cambio de llenar las calles bolivianas de promotores de inestabilidad.

La mayoría de los compatriotas decentes ya saben que el 90% de los bolivianos indultados en Chile fueron condenados por tráfico de cocaína, y que pronto retornarán al país para sumarse a unos siete centenares de delincuentes detenidos en las cárceles bolivianas que también serán indultados por Evo Morales, en su mayoría también narcotraficantes pero con un fuerte acento indígena originario campesino. Con palabras más claras, el gobierno masista está pretendiendo indultar a cultivadores de hoja de coca que fueron condenados por narcotráfico. Entonces los próximos meses tendremos que convivir con miles de delincuentes indultados, de quienes no sabemos si se beneficiaron de una rehabilitación responsable, o que reincidirán en esos delitos muy conocidos por ellos, o que dilatarán la industria de la cocaína hasta tocar niveles inverosímiles.

El gobierno de Dilma Rousseff, con la seriedad y la previsión que caracteriza a un buen gobierno, lanzó esta semana la Operación “Ágata 5” con el fin de combatir el narcotráfico y la delincuencia en toda la frontera con Bolivia; pero de manera sutil lo que pretende es evitar que los narcotraficantes bolivianos, los activos y los indultados, se cuelen por sus fronteras y conviertan al Brasil en un foco de criminalidad. Todo parece indicar que en Bolivia los índices de inseguridad se agravarán notablemente y la ciudadanía tendrá que aumentar también sus mecanismos de autodefensa y prepararse para soportar, con vergüenza, el fomento colosal de la fabricación de cocaína, que terminará siendo la única causal que provoque la caída del gobierno del dirigente cocalero. Este defecto moral ya es imposible de superar y la falta de energía (permisividad y tolerancia excesiva) del gobierno para rehacerse contra el narcotráfico, coronará la liquidación del Estado Plurinacional de Bolivia, cuyo proceso de cambio ya nos está provocando tanta angustia y mucho susto.

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