¿Cómo tapar el sol con un Lloyd?

El drama del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) se profundizó el día de ayer con el frustrado remate de sus bienes. Este drama nos ha interesado y conmovido intensamente, pero no hemos tenido la suficiente temeridad para llamar a las cosas por su nombre.  El LAB esta en bancarrota y el procedimiento jurídico adecuado es la quiebra.  Serán los jueces los que dirán si la quiebra fue culposa o fraudulenta; y señalarán a sus autores.

Basta de falsas expectativas. El LAB no tiene salvación porque ningún inversionista responsable pondrá un peso limpio para pagar deudas sucias y sin derecho a utilidades. Antes, durante y después de la “gestión Asbun”, las deudas del LAB, sean sociales, tributarias, laborales, o la que sea; crecieron desmesuradamente y superaron el patrimonio y el capital empresariales; sin mencionar que los gastos desproporcionados nunca igualaron con los ingresos.

Debemos admitir que cualquier acción u omisión que prolongue el desengaño del LAB, tiene el calificativo de traición a la inteligencia de cualquier ciudadano que quiere disfrutar del derecho de saber la verdad. El que dice: “yo salvaré al LAB”, miente. La responsabilidad de los actuales ejecutivos y directores de la empresa es evidente, así como el afán manifiesto y desmedido de los trabajadores por conservar una empresa con muerte financiera y en quiebra. Así no se puede tapar el sol con un dedo.

Los trabajadores siempre han estado solos, en esa guerra injusta contra el Gobierno que destruyó a la empresa y que ahora se niega a salvarla. Pero la obsesión y la vanidad les ha impedido ver esa realidad hasta que se sucedieron los acontecimientos relacionados con la remisión a la cárcel de los ex ejecutivos de la línea aérea. ¿Qué es lo que realmente pasó con el LAB?

Todo este tiempo hemos oído algo probablemente distorsionado sobre el LAB, pero hasta ahora no hemos visto algo positivo en este año de administración de los trabajadores, que se ahogaron con miles de proyectos y propuestas para salvar la empresa.  Esto nos ha convertido en espectadores desinteresados de la tragedia y no en aliados con los que se pueda contar para hacer un cambio. Entre los mismos trabajadores se alimentaron odios y envidias recíprocas que ahora se sienten como consecuencia de sus fracasos, porque algunos han tenido acceso a los medios de comunicación y no repararon en mentir para lograr sus fines.

La solución del problema esta en la médula del propio LAB. Volquemos nuestros ojos a la realidad y que sean sus principales directores y ejecutivos que digan la verdad, con absoluto desinterés. No hay que tener miedo. El LAB está en quiebra y cada día que pasa la incertidumbre desprestigia aún más a los que se quedaron dentro.

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