¿Cómo cambiamos a los de antes?

Desde el desastre del negro 17 de octubre de 2003 hasta mucho después del 11-E, han ido surgiendo y germinando nuevas ideas de cambio político y social, encarnadas en jóvenes y personajes maduros que emprendieron nuevas formas de hacer política, especialmente de la buena.  Estas personas con la inocencia que caracteriza a un novato, han ido predicando sus visiones respecto de un nuevo país, o una patria renovada y unida.  Fueron ellos los que comenzaron con su actitud a deponer mezquindades y miserias para lograr la unidad férrea y real frente a los afanes totalitarios del gobierno de Evo Morales.

Una condición fue necesaria para seguir en el camino sano y fructífero de hacer política. Que absolutamente todos, solos o en grupos, demuestren la sanidad de sus cuadros; es decir, que entre ellos no aparezcan, ni por asomo siquiera, los siniestros personajes que provocaron el desastre nacional que ahora vivimos.  Nos referimos a los fanfarrones y encantadores de los partidos tradicionales, incluido el MAS que también ya es un partido viejo.  Esos demócratas de mierda que se entramparon en la Asamblea Constituyente.  Esos codiciosos de la política y los vástagos (hijos) de los aprovechadores de siempre.  Ellos fueron los que hicieron de este país el inodoro de sus placeres y frivolidades.  Ese lugar donde depositaron las heces subvencionadas con la corrupción y la prebenda. Los contratos lesivos, las consultorías zalameras, las construcciones nulas, las obras inexistentes, los pasaportes chinos, el nepotismo, etc.; ahora igual que antes.

En los hechos las nuevas generaciones pese a su candidez, han ido concentrando nuevas y mejores propuestas y actitudes frente al desastre.  Los nuevos analistas políticos y también los nuevos líderes gremiales, profesionales, la gente de la clase media o los estratos populares, han ido sintonizando y coincidiendo con las caras nuevas y las ideas unificadoras.   Ante la evidencia de su probable desplazamiento, se ha despertado nuevamente el ánimo tutelar de los antiguos políticos; y con posturas absolutamente mentirosas y solapadas, han comenzado a contaminar, por detrás, cada grupo de gente buena que con fines políticos se viene organizando contra la tiranía.  No es nueva esa artimaña venenosa: “Nosotros tenemos experiencia política” .  “Somos los gladiadores de la política y seremos los que guíen a las nuevas generaciones en la acción política”  Y peor aún dicen: “Nosotros no tenemos aspiración alguna, pero queremos apoyar su trabajo”.  Este es el excremento pálido de “los de antes”.

Muchas mujeres y hombres que se propusieron ingresar en el campo político y demostrar nuevas visiones exentas de vicio, han visto los sinuosos movimientos de “los de antes” y se han propuesto dar marcha atrás.  Seamos claros: ya nadie quiere seguir a uno de estos hijos de la maldad. Con el fracaso de la Asamblea Constituyente, hacer política en Bolivia se ha tornado difícil.  Mucho más, generar personajes políticos nuevos y creíbles, en estas circunstancias nada fáciles. En el seno de cualquier movimiento ciudadano, sobra la gente admirable, por la que toda la ciudadanía siente un enorme respeto y reconocimiento; y que han visto en ellos un enorme aliciente para mantener las ganas y la ilusión en el futuro.

La tiranía debe ser derrotada, pero esta circunstancia no debe ser aprovechada por “los de antes” para demoler por dentro a las nuevas generaciones, e intentar dañar a personas que, con errores, sin duda, pero también aciertos, han apostado su pellejo por cambiar este país y devolverlo a la vida normal.

Entre tanto, el totalitarismo campea y la calamidad ya es irreversible. Lo malo es que, consciente o inconscientemente, “los de antes” han causado demasiado daño, sobre todo, a ellos mismos y a su patria.  El mensaje es que ellos deben dejar a las nuevas generaciones parir solas, aunque les pese.  Ustedes “los de antes” están muertos.

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