En Chile las imágenes del desastre ya fueron sustituidas por otras más confortantes y motivadoras. Chile ha administrado exitosamente las consecuencias de la tragedia y se llenó de júbilo en los actos de posesión del nuevo presidente chileno, el liberal Sebastián Piñera, que tiene muchos proyectos cargados de una sobredosis de esperanza. A él la socialista Michelle Bachelet le ha dejado la presidencia para que perfeccione la buena salud de la democracia chilena y la calidad de las acciones gubernamentales para prosperar aún más. A la hora de enfrentar las luctuosas secuelas del terremoto del 27 de febrero pasado, han quedado al descubierto un sinfín de lecciones positivas que han puesto de manifiesto un incomparable desarrollo humano, sazonado con una buena dosis de humor alegre en medio de la adversidad; y de ganas de vivir en democracia respetando el Estado de Derecho y los principios republicanos. De esas lecciones hemos escogido sólo tres.
Lección Nº 1 ¿Cómo buscar responsables? Mientras en otros países las tragedias provocadas por malas prácticas de las autoridades se tapan con globos distraccionistas para guardar las espaldas del partidario transgresor; las autoridades militares y civiles chilenas han compartido responsabilidades públicamente al reconocer errores de coordinación para alertar sobre el tsunami que se les venía encima. Otro ejemplo: el colapso de varios edificios ha destapado los actos corruptos de empresarios constructores que habían lucrado atracando a sus conciudadanos necesitados de viviendas. Este hecho ha activado los mecanismos del sistema judicial para responsabilizar a los inescrupulosos que han quebrantado los reglamentos de construcciones antisísmicas, y es en este sistema judicial que confían todos los propietarios de apartamentos y en general todos los ciudadanos y ciudadanas chilenos, por ser competente, imparcial, independiente y sometido sólo a la ley.
Lección Nº 2 ¿Cómo regenerarse? Aceptando la solidaridad y las donaciones extranjeras, el pueblo chileno al cabo de una semana se puso de pié, organizó una teletón y en 24 horas recaudó algo más de 60 millones de dólares en aportes voluntarios de sus ciudadanos, trabajadores y empresarios, incluyendo a los más ricos y los más pobres. Con estas evidencias los chilenos no se propusieron ser parte de la tragedia, se proyectaron como parte de la solución y prometieron al unísono reconstruir sus casas arruinadas, perpetuar a sus muertos y recibir cualquier muestra caritativa, venga de donde venga. Lo que nos ha sorprendido es la velocidad con que la población se ha reorganizado en torno a sus autoridades políticas. Esto es cultura.
Lección Nº 3 ¿Cómo se gobierna? En Chile funciona la democracia porque se gobierna para todos, así de simple. Y lo que también queda claro es que para ser presidente de Chile se tiene que reivindicar el consentimiento de millones de personas que se han apropiado de una cultura política y económica envidiable, y que no están dispuestos a sacrificarla para favorecer a alguna minoría rica o a un grupo selecto de partidarios temerarios. Mucho más nos ha complacido la forma feliz como se ha llevado el proceso democrático transitorio, en el que los nuevos responsables políticos han asumido la profunda misión de reconstruir el país, recibiendo la colaboración de quienes se han convertido en sus opositores. Aquí lo que importa es a favor de quienes se gobierna y cuanto beneficio colectivo se puede esparcir, pidiendo tan sólo conservar los elementos materiales y los valores que les permiten a los chilenos y las chilenas vivir bien. Así Chile volverá a la normalidad más rápido de lo pensado.