Candidatos: entre el amor propio o el bien público

Mientras menos horas restan para definir las planchas con los nombres de candidatos para alcaldes, se han multiplicado sus expresiones de amor propio y no se han escuchado las propuestas que el público esperaba. Sin que se les ruborice la cara, todos los candidatos han hecho gala de ese éxtasis que profesan a sí mismos, y especialmente a su prestigio, que en la mayoría de los casos ha reclamado la atención intrascendente de sus conciudadanos.

Los candidatos han expuesto sus elementales ideas sobre el buen gobierno municipal de la ciudad de Cochabamba muy a la ligera, sin madurarlas y sin mostrar sus programas. Esas menguadas propuestas se están sosteniendo tan tercamente y con una fuerte dosis de vanidad, que se ha dejado de lado el tratamiento del interés colectivo. Es que si los candidatos siguen actuando de la forma como lo están haciendo, no debería sorprenderles el trato recíproco que a la larga recibirán de los demás coterráneos. También, esas poses prosaicas y ordinarias que han adoptado pueden determinar que la gente les pierda respeto, especialmente si quieren mostrar una pinta muy populachera. Se entendería mejor que el solo hecho de ser candadito, otorga un prestigio superior y una dignidad especial sobre el común denominador, que inspiran acatamiento. Por eso, ninguno de los candidatos se ha propuesto recuperar ese concepto de autoridad, que se ha perdido hace tiempo en el Municipio de Cochabamba, por el simple hecho de que el alcalde saliente nunca ha mostrado confianza en sí mismo y menos en su poder. Lo que ahora se quiere es elegir un alcalde que sea digno de enarbolar el simbolismo que el concepto de autoridad implica, expulsando la noción caduca de que la palabra “alcalde” es un ornamento seco detrás de un escritorio.

En Cochabamba cualquier alcalde del pasado, ha embellecido plazas, pavimentado calles, construido puentes, remodelado mercados, mejorado escuelas, equipado hospitales, entre otros teoremas urbanos que resultan fáciles de solucionar. Pocos alcaldes han dado soluciones parciales para los problemas del abastecimiento del agua y la regularización de la propiedad inmueble, por ejemplo. Pero, lo que ningún alcalde ha podido encarar, (reiteramos: “ninguno”), son los problemas del comercio callejero, el tránsito vehicular y la disposición final de la basura, cuyas soluciones, por el bien público, son de pleno interés colectivo. Para remediar estas contrariedades y erradicarlas, por completo, inmediata y definitivamente, se requieren autoridades de verdad, que sean y parezcan. Ahora y sin demora.

Si alguno de los candidatos se ha propuesto, por el bien público, concentrar sus fuerzas en la solución de estos tres problemas, ganará el voto de los ciudadanos y ciudadanas que aspiran vivir bien en una ciudad ordenada; porque los demás asuntos pendientes caerán por su propio peso. Por eso, deben generar propuestas convincentes de acciones en provecho colectivo; y dejar de hablar de sí mismos, porque sólo están fabricando mala voluntad entre quienes les escuchan.

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