Aurora y Wilsterman, la única justa de las batallas

Hoy es un día de clásico futbolero. Desde la noche del viernes pasado decenas de hinchas hicieron largas filas alrededor del estadio Félix Capriles con el fin de adquirir sus entradas para el clásico del futbol cochabambino número 130 de la historia. La gran expectativa se ha centrado en Wilstermann que, en su peor momento institucional, necesita imperiosamente la victoria, esperando que Real Mamoré pierda con Universitario para no descender de categoría. En cambio, Aurora también pretende las tres unidades, pero para clasificarse a la Copa Libertadores de América, con lo que cerraría una buena campaña. Esta escena guerrera nos trae al oído el himno oficial del último mundial de Sudáfrica que entonado por Shakira decía: Llegó el momento, caen las murallas / Va a comenzar la única justa de las batallas / No duele el golpe, no existe el miedo / Quítate el polvo, ponte de pie y vuelves al ruedo… Y la pasión, se siente / Espera en ti tu gente

Independientemente del resultado final, la ciudadanía entera se ha metido de lleno en el clásico partido. No dejan de tener razón los que opinan que el fútbol mueve el espíritu de grupo, hace gritar a todo pulmón, y también estimula las especulaciones populares sobre esa tabla fácilmente comprensible de victorias y derrotas, ascensos y descensos, revanchas y contrarevanchas, de negociados y negociaciones. Es que la realidad nos ha colocado ante el laberinto del gregarismo, provocando que cada individuo de la sociedad cochabambina, en la que se supone debe primar la racionalidad, abandone momentáneamente su espíritu prudente, para sumergirse entre la multitud y poder disfrutar de unos ratos de placentera crueldad. Lamentablemente esta tarde querrán participar en las tribunas y fuera de ellas ciertas gentes que tienen antecedentes arrebatados para conseguir una entrada, un lugar visible en las gradas, un asiento, o para festejar un triunfo o berrear una derrota.

Este mundo del fútbol es el opio del pueblo, dicen los que se benefician de él económica y/o políticamente. Hay que tener adormecido al pueblo y por tanto hay que darle opio (futbol), dicen los asesores gubernamentales; y por esa razón es que el presidente Morales juega tanto futbol, usando eventualmente la rodilla. Tanto arraigo social tiene el futbol, que incluso altos dignatarios de nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, que se caracterizan por su extremada racionalidad e intelectualidad, fingen que les gusta, para que la muchedumbre ordinaria se sienta igualada con ellos. Calculando cuidadosamente todos los caprichos en juego, los encargados de imagen de Palacio Quemado seguramente han planeado exhibir al presidente en la tribuna oficial para que disfrute del clásico partido. Incluso Evo estar presente para ver como un buen rodillazo puede llenar de euforia a una tribuna y humillar a la otra.

Así cantaba Shakira «…va a comenzar la única justa de las batallas», y como en toda batalla siempre pretenden no estar ausentes los violentos del jurásico urbano; pero afortunadamente, estamos en otros tiempos. Sería importante confirmar que los responsables de la organización del evento futbolístico de esta tarde, hayan aprendido de los errores del pasado y comprendido que la mayoría de las personas han asumido buenas dosis de civilización y buenas costumbres. En fin, la responsabilidad final será de quienes asistan al conflicto bélico ficticio declarado entre Wilsterman y Aurora, y se espera que los hinchas del equipo que obtenga el triunfo, que de hecho será histórico, no apliquen violencia sobre los derrotados, y que estos no desaten el terrorismo contra los demás. Sólo se pide pasión, pero con calma, mucha calma.

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