20F: Bloqueo nacional de caminos

Unos operadores políticos del partido de Gobierno han convocado, para el 21 de febrero próximo, a la enésima proclamación de Evo Morales como candidato a la presidencia para las elecciones de 2019. Con mucha antelación y para la misma fecha, las plataformas opositoras también han anunciado el paro nacional repudiando el proyecto de la repostulación o reelección del líder cocalero. No queda duda que ya existe un abierto enfrentamiento entre quienes sustentan el imperio de la Constitución Política del Estado y defienden el resultado del referéndum vinculante del 21F de 2016; y quienes contaminan la convivencia pacífica. Por la insistencia en la figura falsificada de la reelección y las recurrentes proclamaciones presidenciales, todo indica que el Gobierno está provocando este escenario belicoso y de confrontación.

Doy por seguro que desde Palacio Quemado se recurrirá a sus mecanismos de coacción y obligará a sus militantes para que asistan a esas concentraciones de proclamación electoral, así como también tiranizará a los funcionarios públicos para que concurran de manera inexcusable, so pena de perder el cargo en el que se encuentran cautivos de manera voluntaria, de tal modo de no caer en la precariedad laboral que la mayoría del pueblo boliviano vive actualmente. Ante la carencia de espontaneidad en este tipo de movilizaciones azules, el Gobierno utilizará ingentes cantidades de dinero para sobornar a los líderes sindicales del campo y de los “movimientos sociales” para que arreen cabezas junto con las decadentes filas azules.

Las esferas oficialistas están a la defensiva ante el paro nacional convocado por parte de los agentes opositores. No resulta extraño que estén utilizando las leyes intangibles sobre las maniobras y tácticas de guerra, perpetuadas hace muchos siglos atrás en el libro El Arte de la Guerra, escrito por Sun Tsu. Con este libro en la mano y hasta el cansancio, los círculos azules de poder, especialmente desde la Vicepresidencia, han aplicado los consejos castrenses que ahí se dictan para anular al contrario y derrotarle en sus intenciones. En muchas oportunidades sus estratagemas les han dado frutos muy positivos debido a la posición dominante de los gobernantes, pero hasta aquí las cosas han cambiado. Ahora el Gobierno está asustado y sus reacciones espantosas así lo confirman, mucho más si la corrupción y la codicia han infectado por completo a los líderes azules, provocando su inercia y menosprecio por la realidad.

Lo mejor sería evitar el enfrentamiento y calmar los ánimos, y creo que una buena medida para concienciar a los funcionarios oficialistas que permanentemente traman este tipo de acciones pendencieras, es obstaculizar sus intenciones. Nunca debieron haber convocado a la proclamación para el 21F, con tanta antelación. Estoy seguro que los cuerpos opositores, sin leer a Sun Tsu, adoptarán alguna medida inteligente, para impedir o por lo menos dificultar al extremo que los afines al masismo se movilicen a sus puntos de concentración. Y la única forma de lograr este objetivo es bloqueando los caminos que han de conducir a los arreados azules a las proclamaciones artificiales. Por eso resulta válida la opción del bloqueo nacional de caminos para el 20 de febrero a partir de las seis de la tarde y así coincidir con la última hora del paro cívico convocado para el 21F. Un país en paro de por sí ya es un resultado dañino para el masismo, mucho peor si los oficialistas se ven bloqueados.

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