Un palacio minimalista para la segunda república

El ciudadano presidente Evo Morales anunció que el palacio presidencial, más conocido como Palacio Quemado, será convertido en un museo del estado colonial y propuso construir uno flamante que represente arquitectónicamente al Estado Plurinacional. El nuevo emprendimiento será conocido como la “Casa Grande del Pueblo” con la novedad de que tendrá un helipuerto, pero aún no queda clara la idea si se trata de un edificio moderno en otro lugar o simplemente constituirá una ampliación de la casona construida en el solar que fue propiedad del capitán Alonso de Mendoza, fundador de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, allá por 1548; el mismo lugar donde funcionó el Cabido durante el periodo colonial y después de algo menos de 300 años se convirtió en la Casa de Gobierno de la República de Bolivia. El ciudadano presidente recordó a todos los gobernantes republicanos que nunca quisieron cambiar estas viejas oficinas, porque preferían alquilar ambientes en inmuebles privados de sus compadres y así malgastar el dinero público, por eso él también lamenta que en la actualidad se gasten algo más de 60 millones de bolivianos en alquileres para oficinas gubernamentales.

La oposición política no tardó en morder el anzuelo y como es costumbre comenzó a verter comentarios acres contra la iniciativa presidencial. Algunos personajes tildaron al proyecto como un derroche significativo de quienes están abanderando el discurso de la austeridad. Otros en cambio dijeron que Morales hábilmente está tratando de imputar los traumas del país a la «arquitectura colonial» y que ahora el «proceso de cambio» tiene la misión de demoler todo vestigio republicano desde sus cimientos. Los opositores más misericordiosos no dejaron ocultos sus sentimientos humanistas y dijeron que esta obra no es imperiosa y lo que se debería priorizar son las necesidades urgentes como construir escuelas y asilos de ancianos. Los más radicales ya le dijeron a Evo Morales que “está enceguecido por el poder” y su nuevo palacio sólo completaría su imagen imponente de tirano y megalómano.

No faltaron los que recurrieron a algunos clichés chauvinistas para acentuar que este proyecto de construcción de la “Casa Grande del Pueblo” es una mala idea, porque así se borraría la memoria colectiva que pesa sobre el Palacio Quemado y se dejaría a todo un pueblo sin historia y sin posibilidades de construir su futuro. Pero no queda duda que el actual Palacio de Gobierno es el más antiguo de América Latina. Fue inaugurado en 1853 por el presidente Manuel Isidoro Belzu, sin pensar que su principal opositor Mariano Melgarejo lo ocuparía durante 6 años, además fue quemado en 1875 por los rivales de Tomás Frías y desde 1880, una vez reconstruido, ha servido para que los presidentes de las variopintas líneas políticas y sus enemigos consumen sus excesos de poder hasta el presente.

En fin, la historia se repite. Pero si el ciudadano presidente necesita una oficina más grande en un palacio nuevo, los arquitectos que se encargarán de su diseño y construcción deberán tomar en cuenta que a lo largo de los próximos años vendrán nuevos inquilinos, precisamente serán esos que ahora están bosquejando la reconstrucción de la nueva República, que será la segunda para fines historiográficos. Nos permitimos sugerir que, ironía de por medio, la “Casa Grande del Pueblo” responda a un estilo minimalista, es decir que la imagen arquitectónica esté reducida a lo esencial y despojada de ornamentos sobrantes (chojchos), de tal modo que los opositores de Evo Morales que se hagan de este palacio en el futuro próximo, respetando el principio de austeridad, no tengan que recurrir a demoliciones estructurales para sepultar el socialismo comunitario que momentáneamente se ha empotrado en los cimientos del nuevo Estado Plurinacional. Por el momento nos queda sólo confirmar lo poco que ha costado construir estos castillos en el aire y lo caro que costará su destrucción. Estamos perdidos.

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