Dime cómo bebe tu comadre y te diré quién eres

Pese a la buena voluntad de las autoridades del Concejo Municipal de Cochabamba que han emitido prohibiciones terminantes sobre la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, disfrazados, bailarines y músicos mientras realizan sus bailes durante la Fiesta del Carnaval, el problema persiste porque aún existen ciudadanos inescrupulosos que han secuestrado el concepto de “consumo responsable” para enriquecerse a costa de la ignorancia de un pueblo que no tiene reglas claras. El Reglamento para el Consumo de Bebidas Alcohólicas aprobado por Ordenanza Municipal Nº 4030/09, ha quedado corto y su revisión se hace imperiosa y urgente, mucho más si lo que se reglamenta es exclusivamente la “venta” en establecimientos dejando de lado la regulación del “consumo”. También ha resultado insuficiente la prohibición a los vendedores ambulantes para que en el recorrido del Corso de Corsos y áreas circundantes, hasta 100 metros de distancia, no vendan alimentos, refrigerios, espumas químicas y bebidas alcohólicas.

Si el buen propósito de nuestros concejales es evitar desbordes, desórdenes y daños o lesiones en la integridad física de las personas durante la festividad de Carnaval, ya deberían instruir al Ejecutivo y la Policía Municipal que encare el consumo de bebidas en plena vía pública, no sólo en Carnaval sino durante todos los días del año, sin excepción. El que quiere embriagarse hasta perder el sexo o el honor debería hacerlo en privado, a puerta cerrada o en boliches autorizados, pero nunca en la calle o en eventos multitudinarios. Los ciudadanos honestos que somos la inmensa mayoría no podemos estar sometidos a la voluntad de unos cuantos borrachos o borrachas que invaden nuestras calles y graderías, para demostrar su machismo unos y su liberalismo feminista las otras.

El Concejo Municipal no debería esperar que ocurra aquello que muchos, con ánimo morboso, están esperando espectar el próximo Jueves de Comadres, y sin demora alguna (mañana mismo) ya debería asumir la responsabilidad social de combatir el “consumo” de alcohol en las vías públicas. La pasada fiesta de Compadres fue una muestra, igual como aquellas que vemos todas las noches de los fines de semana y en las fiestas desenfrenadas, precisamente cuando en las calles se acumulan las botellas, los papeles, las latas, los vómitos, los orines y otros restos humanos de quienes han consumido alcohol. Suena muy bien que no se venda alcohol a menores de 18 años, pero sonaría mejor aquella campaña que prohíba a los hombres y mujeres de este campanario el consumo de alcohol en las calles; así de simple.

No es suficiente regular la “venta” de bebidas alcohólicas sin atacar el “consumo” en la vía pública porque ya todos estamos hartos de los embrollos entre los tiernos borrachos, las ebrias novatas y los vecinos, las peleas con heridos, los accidentes, las ofensas sexuales y en fin todas las consecuencias directamente relacionadas con la borrachera callejera, y de la suciedad, los ruidos y los daños al mobiliario urbano que produce este pasatiempo. Así como se extirpó el juego con globos de agua de nuestro subconsciente colectivo, con la misma autoridad intransigente se deben borrar estas prácticas que fomentan el “vivir mal” regando con alcohol nuestras calles y graderías.

Creemos firmemente que ha llegado la hora de poner un límite real a semejante perversión y una ley municipal simple solucionaría este grave problema. ¿Cuánto siempre cuesta poner en el papel esta norma: “Se prohíbe terminantemente el consumo de bebidas alcohólicas en vías públicas, bienes de dominio público y de patrimonio institucional”? ¿A quiénes se trata de proteger si no se prohíbe? Entonces, ¡Salud!.

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