Si pierde Sciolli, pierden los cocaleros

Las recientes elecciones presidenciales en la Argentina han provocado algunos alborotos en el escenario político y económico boliviano, especialmente en la atribulada comunidad de cocaleros del Chapare. Simplemente porque en el debate electoral argentino la oposición, tan “antikirchnerista”, ha venido denunciando la existencia de mafias organizadas por funcionarios públicos, de alta jerarquía en la estructura estatal, que trafican abierta con cocaína boliviana y algo de anfetaminas, entre otras drogas. Muchos de sus voceros han aludido de forma concreta al jefe de gabinete, Aníbal Fernández, como el principal responsable del tráfico de drogas en esa república. Éste individuo es el hombre de confianza de la actual presidenta Cristina Fernández, y fue él que habría heredado una red de corrupción orquestada por Ernesto Kirchner, un mecenas difunto que distribuyó prebendas entre sus leales a base de dinero mugriento del narcotráfico.

El proceso electoral argentino se someterá a un balotaje entre el candidato oficialista Daniel Sciolli y Mauricio Macri, el opositor. Entre ellos dos se definirá quién gobernará el país austral a partir del 11 de diciembre próximo, pero en medio de un ambiente bastante enrarecido por el omnipotente tráfico de cocaína chapareña. Todos los candidatos opositores han señalado directamente al gobierno kirchnerista de estar financiando su campaña electoral con dinero sucio que viene de hechos delincuenciales que sólo estimula el narcotráfico.

Es que la cocaína está sosteniendo a todos los gobiernos del socialismo del siglo XXI que imperan en Latinoamérica, que están sobreviviendo muy extorsionados por la codicia y la angurria de estos dirigentes de los movimientos sociales, esos mismos que están exigiendo mucho más dinero oscuro para sostener su lealtad. Precisamente una de las razones de la derrota de Daniel Sciolli fue la insuficiencia de metálico para corromper a los dirigentes argentinos de los famosos movimientos sociales, lo cual indica que la cocaína boliviana no fue vendida en las cantidades exigidas.

Sólo basta imaginar la intensidad con la que se está produciendo cocaína en el Chapare para ser colocada en ese corredor de impunidad que llega hasta la mismísima Casa Rosada. De perder Sciolli el balotaje, el tráfico de cocaína parece que terminará y los principales arruinados de todo este proceso serán los cocaleros. En enero del próximo año, serán miles de toneladas de cocaína que no podrán ser colocadas en la República Argentina; y como consecuencia ya no existirá el dinero suficiente para estimular la economía boliviana tan venida a menos. Esa falta de dólares sucios y la explosión de la burbuja, revolcará en seco el sector de la construcción y el mercado inmobiliario de Bolivia, convertidos en lavanderías grocesas. Entonces de ganar Mauricio Macri el balotaje, el impacto inmediato se verá en la economía boliviana, porque la primera señal evidente ya la dieron esos miles de propietarios bolivianos que colgaron los letreros de “Casa en Venta”, como queriendo aprovechar los últimos billetes del narcotráfico. ¿Qué viene? Una crisis económica más desastrosa y dañina de lo que el “blindaje masista” ha previsto. Las otras conjeturas económicas se las dejo a los expertos.

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