Quillacollo, el núcleo de la corrupción

Creo que a los ciudadanos de Quillacollo no les ha extrañado la orden judicial de detención preventiva contra el alcalde renunciante Zacarías Jayta y el presidente del Concejo Municipal, Víctor Osinaga, por delitos de corrupción. Es que en esta ciudad desde hace más de un cuarto de siglo la corrupción pública es la regla, mejor si tiene un tinte de socialismo y algo de indigenismo comunitario; es decir si la corrupción tiene protección gubernamental. Jayta y Osinaga no han sido la excepción. Así de claro.

Poco o nada cuesta reconocer públicamente que en los hechos las autoridades ediles de Quillacollo han ido sustituyéndose unas a otras, siempre como consecuencia de sonoros actos de putrefacción administrativa. Es cotidiano confirmar la reacción de la anterior autoridad corrupta destituida que se ensaña contra la nueva en señal de venganza; así como se puede esperar que la nueva y la anterior autoridad sean destrozadas por otros actores envidiosos que, con un alto grado de ambición por corromperse, esperan ascender al puesto administrativo, usando artificios para destituir a sus adversarios. Es una cadena infernal de podredumbre, que sólo los ciudadanos de Quillacollo saben soportar y en algunos casos alentar.

Si existe algún ciudadano quillacolleño que se precie, ese puede decir a voz en cuello que no existe en el Concejo o en el Ejecutivo Municipal ninguna autoridad que sea honesta y que la comunidad lo reconozca como tal. De qué ha de servir que se destituya un alcalde corrupto, sí es que el que los sustituya es igual o peor. Y por increíble que parezca en este escenario juega la política partidaria y los políticos que asumen la corrupción como una forma de vida; así como los viejos ladrones sustituyeron a los nuevos ladrones y serán los futuros ladrones los que denunciarán a los dos anteriores. Esta cadena delincuencial, hasta antes del día viernes pasado y con la detención de Jayta, gozaba de la protección y el consentimiento del MAS. Alguien en Quillacollo me tiene que decir que estoy equivocado.

Lo preocupante es que han utilizado dineros públicos para corromper a los propios servidores públicos del municipio así como a otros de órganos estatales importantes, como es el caso de la extracción de fondos para pagar a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y así lograr resoluciones favorables al municipio, dentro de la infinidad de juicios que mantiene contra anteriores autoridades también calificadas como corruptas. Esto sólo confirma que la alcaldía de Quillacollo no es otra cosa que el refugio de organizaciones criminales, en el que  nada es gratis.

Con todos estos escenarios, sólo cabe suponer que el nuevo alcalde suplente ha tenido que comprometerse para pagar facturas a grupos de poder, sólo por el hecho de haber facilitado su designación, y que en los próximos días o meses, su puesto administrativo terminará explotando como otro caso más de pudrición institucional. Lo mejor que pueden hacer los quillacolleños es aislar a los dirigentes políticos, de la laya que sean, porque es en esos seres que radica el germen de la próxima destitución. Ahora la sociedad civil honesta de Quillacollo tiene que hacer esfuerzos heroicos y titánicos para revertir esta situación y construir un escenario totalmente contrario a la costumbre corrupta que la ha sometido en una especie de desintegración irreversible. Esto de por sí ya constituye una maldición.

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