Putsch de Kapp

Obligados estamos a revisar la historia. Pero deliberadamente hay que revisar esa historia que en alguna de sus aristas coincide con la historia boliviana contemporánea, ésta que ahora vivimos. Con el denominativo de Putsch de Kapp, se conoce al ineficaz golpe de estado liderado por la derecha alemana a fines del primer trimestre de 1920. Fue Wolfgang Kapp, que encabezó la revuelta, confesando abiertamente su incondicional adherencia a la restauración de la monarquía en Alemania (anterior régimen). Kapp, estableció rápidamente un nuevo régimen que duró simplemente cuatro días y escapó forzado por las brutales huelgas convocadas por los sindicatos y los funcionarios públicos afines al nuevo estado de cosas. Este golpe fracasado inspiró negativamente al nazismo, con las consecuencias que todos conocemos. Así vimos el enfrentamiento de dos facciones antagónicas con saldos desastrosos.

El gobierno de Evo Morales, en febrero de 2009, instauró un nuevo régimen a base del “Estado Plurinacional de Bolivia”, que ha reemplazado a la “República de Bolivia”. Esta “revolución pacífica” de Evo Morales ha consolidado la sustitución de lo republicano en libertad por lo estatal en opresión; y a la derecha boliviana, tan fragmentada y sin líder, le está resultado motivador desmoronar el nuevo Estado, que coincide con el reemplazo de un desgobierno por otro. Lo que determina a la derecha es retornar al Estado contaminado que claudicó en 2003 y terminar con el actual régimen que ha optado, voluntariamente y con fines vedados, por administrar la cosa pública en compañía de una descomunal bandada de políticos oportunistas, evidentemente activos en sus fechorías.

La falta de coherencia política y otros descomunales errores del gobierno son los pretextos para la gestación de un golpe de estado parecido al de Kapp. Si por fantasía se puede creer que la derecha boliviana tendrá algún resultado favorable en sus afanes desestabilizadores, seguramente y por coincidencia logrará las mismas secuelas del Putsch de 1920. El gobierno reaccionario que se instaure durará no más de cuatro días en el poder, y su huida intempestiva será provocada por los ahora poderosos e encolerizados movimientos sociales y comunitarios afines al nuevo régimen y además por la bravura violenta y ciega de los sectarios que conforman el MAS. En los hechos y para enero de 2010, ningún opositor de izquierda o derecha que acceda al poder por la fuerza o por la vía democrática, podrá gobernar bien, si tiene de opositor al MAS.

Si las derechas golpistas mimetizadas en la oposición y las izquierdas comunitarias y turbulentas encaramadas en el gobierno, persisten con sus afanes violentos que ahora comparten para prescindir del Estado de Derecho, tarde o temprano, la lógica reacción la impondrán todos los bolivianos y bolivianas libres; y serán ellos los que diseñen un nuevo proyecto que rescatará la organización política de la vida social, ese remozado Estado republicano que todos anhelamos, y que en todas sus caras y facetas recobrará el imperio de la ley y el reconocimiento de los derechos personales. Entre tanto hay que soslayar la barbarie que los bandos encontrados quieren utilizar en sustitución de la libertad.

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