“… país de mierda …”

Así protestó Pablo Sánchez, entrenador de fútbol del club Oriente Petrolero, al concluir el partido que jugó con el club Aurora hace unos días atrás. “Qué voy a responder … país de mierda, de hijos de puta y todos … son la misma mierda”, esta expresión contundente no fue tolerada por la dirigencia del club cochabambino, que inmediatamente se dirigió al Servicio de Migración para solicitar la expulsión del entrenador argentino, por haber humillado la dignidad del pueblo boliviano, la patria y los ciudadanos. Todos sabemos que en las canchas y las tribunas deportivas se han escuchado locuciones peores, no solo contra la bolivianidad, también contra la humanidad entera, pero el espíritu del fútbol siempre ha prevalecido.

El Ministerio de Gobierno no atenderá formalmente esa solicitud de expulsión del difamador Sánchez, en estricta aplicación de la normativa migratoria, porque no existe un elemento trascendental que justifique el pedido. En un ambiente normal, si a un extranjero o un boliviano no le gusta este país no esperará que lo expulsen, simplemente se irá. Pero no nos extrañaría la intervención del gobernador Evo Morales, convirtiendo este incidente muy común en los campos deportivos, en un tema de Estado, sólo para publicitar que “un extranjero, en nuestra propia casa, ha mancillado el honor y la gloria de los mártires de la gesta constituyente y liberadora, que han hecho posible esta nueva historia escrita en la Constitución Política del Estado vigente” (propuesta redactada). Peor si se intenta explotar este hecho para perseguir o liquidar a la oligarquía cruceña que se confiesa, en gran número, fanática del club Oriente Petrolero.

Tampoco debería extrañarnos semejante insinuación vulgar, si la mayoría de los gobernantes y gobernados, propios y extraños, oficialistas y opositores, la usan para distinguir la impresión exacta que les causa vivir en este paraje tan heterogéneo. “Me voy de este país de …”, dijeron más de un millón de emigrantes bolivianos que ahora radican en España o Argentina. “Hay que cambiar este país de …”, seguro pensaba el actual Vicepresidente en su presidio, cuando hace años atrás diseñaba el Estado que ahora soportamos. “¿Cómo hemos permitido que cambie este país de …” dicen los resignados políticos de oposición. Si el uso de la expresión ofensiva al país es tan normal y cotidiana como se describe, no deberíamos rasgarnos las vestiduras y escandalizarnos.

Hace más de un lustro que en Bolivia se ha perdido el sentido de colectividad nacional, esa bolivianidad que infundía tanto gusto. Fue el propio gobierno que ha destrozado ese sentimiento y ha dividido este país para reinar.  Irónicamente ahora exige el cumplimiento de unos valores de unidad y de fraternidad en los que la mayoría de los bolivianos, lastimosamente, ya no cree. Algo no funciona bien. Algo está mal hecho. Ni la goleada de 6 a 1 sobre la Argentina menos la expulsión del entrenador maldiciente, concretarán la acción reparadora de la bolivianidad perdida. Por eso debemos proponernos volver al fútbol, porque ahí es donde se están revelando las verdades y pocas personas las están entendiendo.

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