Los impuestos y la muerte

Aquel 13 de noviembre de 1789, Benjamin Franklin le escribió una carta a Juan Bautista le Roy y le dijo, sin ambages, que «en este mundo nada se puede decir que es verdadero, excepto la muerte y los impuestos».  Esta sentencia pone de relieve, tácitamente, el imperio fiscal sobre el pago obligatorio de impuestos y la consiguiente consolidación de este poder tributario en la nación norteamericana. Y hasta ahora, casi 214 años después, la muerte y los impuestos son una verdad incontestable en la potencia más grande del mundo.  Allí uno puede evitar ser recluido por robar, pero siempre estará obligado a pagar impuestos y hasta morir.

12 y 13 de febrero de 2003.  En Bolivia se confirmó la resistencia letal para pagar nuevos impuestos con cargo a personas que sólo trabajan para vivir o revivir, sin generar excedentes para el lujo.  En otras palabras, la realidad reprobó a los funcionarios encargados de la política tributaria del país que elaboraron el proyecto del nuevo (?) impuesto sobre los salarios.  Se aplazaron. Los responsables del erario sobrevivieron, los que murieron fueron otros.

No se necesita ser un experto para revisar el artículo 19 de la Ley 843 de 1986 que dice: «…. créase un impuesto sobre los ingresos de las personas naturales y sucesiones indivisas, provenientes de la inversión de capital, del trabajo o de la aplicación conjunta de ambos factores.» (sic).  Las preguntas persisten: ¿qué quisieron inventar los expertos del Viceministerio del Política Tributaria? ¿un nuevo impuesto?.  Si lo único que provocaron fue que la muerte se sobreponga al impuesto.  Ahora la respuesta lógica.  El impuesto al salario ya existía, sólo había que reglamentar los máximos razonables para el descargo de facturas (gastos deducibles) y aplicar la alícuota del 13% del RC IVA sobre el excedente que hace suntuaria la vida de algunos contribuyentes.

A lo largo de la historia, las revoluciones que provocaron significativas transformaciones mundiales tuvieron una alta participación ciudadana para limitar el poder estatal que creaba y/o modificaba impuestos.  Sin duda estos movimientos derivaron, como se sabe, en innumerables muertes.  Las inmolaciones motivadas por los impuestos deberían estar catalogadas como crímenes contra la humanidad.  También las muertes del 12 y 13 de febrero.

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