Las calles se riegan con alcohol

El ciudadano o la ciudadana que respira algo de modernidad en las calles de la ciudad de Cochabamba ha destacado la fuerza civilizada con la que se aplicó el principio de autoridad al eliminar de cuajo la práctica violenta y profundamente rabiosa que representaba el juego con globos  de agua en las calles durante las fiestas de Carnaval. Bien por las autoridades concejiles que asumieron sus atribuciones legales para reconducir la pacífica convivencia entre los vecinos, pero esta labor positiva perdió su brillo por la absoluta incapacidad para poner freno al consumo de alcohol en la vía pública.

El “jueves de comadres” fue el detonante para ingerir licor sin freno alguno, especial y escandalosamente entre muchachas y mujercitas que en su mayoría recién habían cumplido los 14 años. Quizá esta estampa miserable y degradante ha motivado a los ejecutivos de una cervecería transnacional para reunir a las autoridades ediles y concejiles de nuestra ciudad e inaugurar una campaña con el fin de promover el consumo responsable de alcohol e impedir su venta a menores de 18 años. Pero nadie dice algo sobre el consumo callejero de alcohol, por lo que parece que el propósito es preservar esas “buenas costumbres” como parte de ese falso “vivir bien” en un ambiente festivo de “sano esparcimiento y de alegría carnavalera”. Y precisamente esta forma de ver las cosas ha desatado la discordia entre algunos concejales opositores y el ejecutivo municipal sobre el “buen uso” de una donación de 141.500 bolivianos que realizó esa misma cervecería a cambio de que el Municipio le permita vender bebidas alcohólicas durante el Corso de Corsos pese a la existencia de una ordenanza que prohibía la venta de alcohol a menos de 100 metros del recorrido de ese evento. ¿Cómo se gastó ese dinero donado? La respuesta la conoceremos con el informe final de las fiestas carnavaleras que hará conocer nuestro alcalde y que seguramente derivará en una gresca política; que en nada solucionará el problema social del alcoholismo callejero.

Ya es hora que el Concejo Municipal asuma la responsabilidad social de combatir el consumo de alcohol en las vías públicas, y para ello deberá emitir urgentemente la ordenanza expresa que regule su ingestión; tras constatar irrefutablemente que este problema, además de crear un conflicto de convivencia, tiene secuelas perniciosas sobre todo entre los jóvenes, mucho más entre los púberes. Las pruebas negativas sobran en las noches de los fines de semana y en las fiestas desenfrenadas, precisamente cuando en las calles se acumulan las botellas, los papeles, las latas, los vómitos, los orines y otros restos humanos de quienes han consumido alcohol. Suena muy bien que no se venda alcohol a menores de 18 años, pero sonaría mejor aquella campaña que prohíba el consumo de alcohol en las calles; así de simple. Llegó la hora de eliminar cualquier ventaja privada que pone en conflicto a la autoridad municipal cuando tiene que privilegiar el interés colectivo.

Todos estamos hartos de los embrollos entre los tiernos borrachos, las ebrias novatas y los vecinos, las peleas con heridos, los accidentes, las ofensas sexuales y en fin todas las consecuencias directamente relacionadas con la borrachera callejera, y de la suciedad, los ruidos y los daños al mobiliario urbano que produce este pasatiempo, tan extendido entre nuestra juventud. Así como se extirpó el juego con globos de agua de nuestro subconsciente colectivo, con la misma autoridad intransigente se debe borrar estas prácticas que fomentan el “vivir mal” regando con alcohol nuestras calles, por lo que cualquier excusa para no dictar esa tan esperada Ordenanza Municipal será absolutamente grotesca e imperdonable.

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