La madre patria será plurinacional

Recuerdo muy bien el paseo que dio por Bolivia el líder de los chavistas españoles, Pablo Iglesias, allá en noviembre de 2017. Un diario boliviano registró una entrevista a Iglesias y él dijo que los españoles tenían un conflicto grave en Cataluña y que se tendría que resolver mediante «un encaje constitucional diferente» en el marco de un Estado plurinacional, y que bien Bolivia podría enseñar su experiencia a los españoles. En la misma línea, pero unos meses antes, el líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) Pedro Sánchez y en el peor momento de su vida política, planteó la idea de «la España plurinacional», concepto propuesto para solucionar la crisis territorial con Cataluña.

Por esas coincidencias de la vida estos dos personajes plurinacionalistas ahora se han aliado y tienen que gobernar unidos para la mala suerte de los españoles. Digo mala suerte porque me ha horrorizado como el PSOE entró cándidamente en la órbita del socialismo del siglo XXI. Me resistiré a escuchar siquiera que Pedro Sánchez, en nombre de los españoles, ha reconocido la legitimidad y la legalidad de las amañadas elecciones que se realizaron en Venezuela hace unas semanas atrás; y menos quiero oír que ha avalado moral y materialmente al gobierno de Nicolás Maduro, al que se encuentran subordinados por unas monedas los de Podemos, juntos con Pablo Iglesias. Es que esta elección de Pedro Sánchez como presidente del gobierno no resulta casual, sino más bien creo que responde a un plan sombrío para posibilitar el desembarco y la consiguiente expansión del cáncer chavista en el continente europeo. Con todo esto, no me extrañaría el papel que está jugando en Venezuela el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, también militante del PSOE, y ahora fingiendo de mediador, pero muy al servicio del gobierno de Maduro y de los propios chavistas. Este plan de los socialistas españoles, del tinte que sean, sin duda ha logrado su primer fruto: inocular el chavismo en la médula del europeísmo.

Tampoco me ha de sorprender que Evo Morales, desde los intestinos del poder plurinacional boliviano, exprese su beneplácito por la elección del nuevo presidente español. Razones le deben sobrar. El solo hecho de que Pedro Sánchez haya negociado con el populismo y el nacionalismo españoles, como son los izquierdistas republicanos catalanes, los nacionalistas separatistas y los independentistas de todas las especies ibéricas, me hace sospechar de que el nuevo presidente ha de provocar una reforma constitucional en la que se preserve la unidad de España, pero a cambio de una declaración de «plurinacionalismo a la boliviana».

No me admiraré de que el PSOE, por las experiencias vividas en Bolivia, contrate como a sus principales asesores a aquellos artífices de la declaración más aberrante que tiene la constitución boliviana: el plurinacionalismo, como medio idóneo para estimular la corrupción y el narcotráfico. Habría que advertir a los barones del PSOE para que eviten caer en la tentación malsana del plurinacionalismo o en los brazos de los operadores políticos del narcogobierno masista boliviano. Es que la producción frenética de cocaína ya le ha colocado a Bolivia el rótulo de narcoestado, lo que puede granjearle a Pedro Sánchez un serio desprestigio, si persiste en mantener vínculos estrechos y muy íntimos, no solo con los chavistas de Podemos, sino con el gobierno de Evo Morales.

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