En defensa del voto manual

El pasado jueves la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que pretende modificar algunos artículos de las leyes del Régimen Electoral y del Órgano Electoral introduciendo el concepto novedoso del sufragio electrónico, como una facilidad para garantizar el derecho al voto de los ciudadanos que se encuentran radicando en el extranjero. Al leer el proyecto Nº 209 he descubierto la intención oficialista de consolidar la utilización de medios electrónicos para el escrutinio de votos en las próximas elecciones generales que se realizarán en diciembre del año 2019; además que he sospechado del empeño desesperado de partido de gobierno para capturar y acorralar a los electores bolivianos residentes en el exterior, otorgándoles la posibilidad para empadronarse permanentemente, incluso antes y después de las fechas y plazos electorales establecidos para los residentes en el país; o a través de la creación de consulados y brigadas móviles solo para empadronar donde sea y como sea a los bolivianos que viven en Sri Lanka, Mongolia o Katmandu. Esto solo delata en los operadores del gobierno central una fuerte desesperación por ganar las elecciones de 2019 a como dé lugar.

Peor aún, el partido de gobierno no puede sanarse de la peor enfermedad electoral: el fraude. Indudablemente, la ciudadanía y los organismos internacionales han cuestionado el padrón de sufragantes y los procesos de sufragio por su escasa transparencia a la hora de ejercer libremente el derecho al voto. La pretensión del partido azul es introducir en las elecciones nacionales de 2019 el mecanismo del sufragio electrónico como una gran novedad para supuestamente transparentar y agilizar el sufragio electoral. Pero nos encontramos con serios cuestionamientos respecto de la fiabilidad de estos mecanismos que se prestan a groseras manipulaciones electrónicas de los resultados, ya sea para distorsionarlos o cambiarlos. Sobran las experiencias en varios países, más modernos que el nuestro, que han renunciado a la posibilidad de esta votación electrónica, espantados por la presencia de expertos y piratas cibernéticos. Los ejemplos sobran y no está por demás recordar los serios cuestionamientos que el electorado estadounidense ha denunciado como efecto de la intervención de piratas informáticos rusos que actuaron para favorecer a Donald Trump en sus ansias de llegar a la Casa Blanca, así como la manipulación electrónica que se verificó en las elecciones francesas, el referéndum para el Brexit o en el inconstitucional referéndum que favoreció al separatismo catalán.

Para rechazar el voto electrónico es suficiente la razón sencilla de que una máquina que realiza el escrutinio y automáticamente emite el acta, sin que nadie haya visto cómo es que se contabilizan mi voto y los votos de las otras personas, hace presagiar de que el principio de la publicidad no está debidamente garantizado por el secretismo digital y ante todo por las fallas deliberadas del sistema, entre otras razones. Tan solo quiero poner en la mente de cada uno de ustedes la posibilidad de que el resultado del referéndum del 21F hubiera estado confiado en su conteo y escrutinio a unas máquinas electrónicas, tengan la seguridad que el resultado hubiera sido otro. Es urgente convocar a la ciudadanía sensata para que no renuncie al voto manual, aquí y en el extranjero, porque más que nunca en las elecciones de diciembre de 2019 lo que tiene que prevalecer es la publicidad y la transparencia en el proceso electoral.

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