La izquierda es guerrillera y narcotraficante

Se conoció la noticia de que el gobierno colombiano ordenó bombardear los puntos territoriales donde los guerrilleros disidentes de las FARC han retomado las armas. Fue su número dos, Iván Márquez, quien anunció en un video que formará una nueva guerrilla junto con Jesús Santrich, uno de los emblemáticos narcoguerrilleros colombianos. La razón de este rompimiento de la paz acordada es que el negocio del narcotráfico requiere de jóvenes guardianes de la ilícita actividad, y porque la cocaína es más lucrativa que la acción política dentro del sistema democrático y del estado de derecho. La verdad también es que no hay lugar ni sitio para que todos los guerrilleros se conviertan en esos honorables senadores y diputados de izquierda que ahora reconoce el sistema político colombiano.

Lo que da asco de verdad es que uno de los dictadores del socialismo del siglo XXI, Nicolás Maduro, ha ofrecido recibir en Venezuela a estos narcoguerrilleros disidentes con los brazos abiertos. Este anuncio de por sí delata una abierta alianza entre la narcoguerrilla colombiana y el imperio de la cocaína, convertido ahora en esa transnacional socialista de los narcoestados más aventajados: Bolivia, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Uno de esos socios, el cocalero Evo Morales, no ha condenado el retorno a las armas de estos narcoguerrilleros, y menos ha calificado este hecho como una afrenta contra la democracia y el proceso de paz que debe imperar en cualquier país civilizado. No me extraña el silencio del cocalero, porque tanto las FARC y todos los narcoguerrilleros residuales tienen fuertes vínculos delincuenciales y financieros con los cocaleros y narcotraficantes bolivianos. De eso no hay duda, como tampoco existe duda alguna sobre la alianza que existe entre la guerrilla izquierdista y los políticos bolivianos de color azul. Lo que no me sorprendería sería que el cocalero socialista del siglo XXI prefiera utilizar el denominativo de “luchadores por la libertad de los pueblos” para enaltecer a cualquier guerrillero narcotraficante, protegido por el dictador venezolano.

Durante todo este tiempo de proceso de paz, en Colombia se ha gestado una traición al estado de derecho por parte de los izquierdistas que defienden la lucha armada para la consolidación de esas dictaduras socialistas fuertemente sostenidas por las mafias políticas, que alientan la producción y la comercialización de la cocaína por todo el mundo. En Colombia, al existir un distanciamiento diametral entre el ejercicio del poder político y el narcotráfico, la guerrilla ha aprovechado este vacío para reclutar a la gente pobre en las filas guerrilleras, con la promesa de que protegiendo al narcotráfico podrían después vivir en la clase media con los dineros negros. Diferente es el escenario en Bolivia, porque el narcotráfico se estimula desde las esferas estatales y, literalmente, cualquier ciudadano puede ingresar en el narcotráfico.

Mucha pena me dan esos amigos míos de izquierda que idolatraron al guerrillero asesino Che Guevara como un sinónimo de bravura comunista y humanismo socialista; pero ahora más pena me provocan los políticos azules que a sabiendas solemnizan a los guerrilleros de las FARC como los “luchadores por la libertad de los pueblos”, a esos mismos que todos los conocemos como narcotraficantes. Esta es la izquierda que todos, estoy seguro, aborrecemos.

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