La institución tutelar del masismo

El conocimiento sistematizado ha definido a cualquier institución tutelar como un instrumento del Estado para ejercer la especial protección que tiene encomendada sobre menores y personas incapacitadas. Se debe tener en cuenta también que la tutela es una medida de carácter excepcional que se aplica sólo a aquellos sujetos considerados más vulnerables, como son los menores no emancipados o desamparados y personas adultas con graves dificultades para conducirse a sí mismas de manera libre y responsable. Era necesario recordar estos conceptos básicos para entrar en el contexto de lo que se debe entender por “institución tutelar” y también rememorar como en la segunda mitad del siglo pasado se utilizaba muy relajadamente el término “institución tutelar de la patria” para rotular con grandilocuencia a las Fuerzas Armadas (FFAA), especialmente al Ejército.

Fue muy destacada la labor intelectual del ex presidente Walter Guevara Arze para descalificar a los militares que insistentemente ensalzaban a su sector dentro de la sociedad boliviana como la «institución tutelar de la patria». Guevara decía: “Ese absurdo que presupone que el pueblo de Bolivia es comparable a un menor o a un deficiente mental, se ha repetido tanto que se usa sin rubor, incluso por algunos dirigentes políticos y sindicales civiles”. Ya en el nuevo siglo y la inmensa mayoría de los bolivianos no identifican a las FFAA como una “institución tutelar”, debido a la pérdida de credibilidad social que ha soportado en los últimos años de la era republicana, precisamente antes de haberse convertido en una oficina de servicios (pago de bonos, distribución de focos, panificación, construcción, etc.) del actual Estado Plurinacional de Bolivia.

Pero el concepto no ha desaparecido del todo en la vida política boliviana y recientemente se ha descubierto una maligna intención dentro del partido de Gobierno para convertirse en una nueva “institución tutelar” a la cabeza de los protectores azules que están deliberadamente designados para administrar el pensamiento y la palabra de los bolivianos, como si la inmensa mayoría de las personas en este país no pudieran conducirse a sí mismas responsable y soberanamente. Una prueba palpable de esta intención se produjo el pasado miércoles, con motivo de la contramarcha cocalera en apoyo a las políticas gubernamentales, seriamente cuestionadas por sectores sociales que llevan varias semanas en pugna directa con el Gobierno. Una vez que llegó la marcha a la plaza principal de la ciudad de Cochabamba, los discursos de los dirigentes masistas, carentes de toda espontaneidad, habían sido previamente tutelados por un senador del Estado, algunos funcionarios de la Gobernación y servidores del Concejo Municipal, todos líderes masistas,

Los medios informativos de televisión exhibieron las imágenes de las labores de conducción y manipulación del evento que realizaba este senador masista desde el zaguán del Concejo. Luego de ser puesto en evidencia el senador negó enfáticamente haber redactado las  conclusiones de la marcha de los cocaleros, pero sí aceptó que él desarrolló una labor de “sistematización de los discursos”. Esto sólo demuestra que el Mas tutela todos los movimientos y las personas que conforman sus bases, a quienes consideran como algo menos que personas incapacitadas para poder decidir por sí mismas, y lo que es peor como si fueran piezas cargadas de ignorancia. Ya es hora de que los máximos dirigentes del masismo se sinceren con sus bases y las respeten, abandonen esas posturas de tutelaje y destaquen la democracia dentro del partido; de lo contrario la autocracia y la tiranía relucirán más aún a ese grupo institucional que está tutelando el pensamiento, la palabra y la obra de sus militantes.

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