Desde la perspectiva de un ciudadano preocupado por el bienestar de Bolivia, el discurso de la defensa de los recursos naturales en el país no siempre tuvo un atractivo especial. En las elecciones de 2005 la promesa del masismo de proteger y utilizar nuestros bienes no renovables, como el litio, el petróleo y los minerales, buscaba un beneficio real para todos los bolivianos y pretendía poner fin a una historia de expoliación. Sin embargo y 20 años después, ante la crisis económica actual, el partido azul, incluido el evismo, parece haber cambiado su rumbo, ofreciendo a países extranjeros, como Rusia, China e India, las potencias económicas emergentes del BRICS, recursos que prometió defender.
Ya en 2006, la banda de falsos tecnócratas, que acompañó a Evo Morales en el asalto al aparto estatal, presentó la estrategia para expulsar a las empresas transnacionales que se llevaban la riqueza de los bolivianos y buscar una gestión autónoma que fortaleciera nuestra economía. Se esparció el mensaje contundente, que prometía frenar a las transnacionales y recuperar el control, atrayendo a personas de todas las clases, especialmente a quienes, como los indígenas, pastores y labradores, no conocían las complejidades económicas. La idea era desterrar a las corporaciones extranjeras para gestionar, como un acto de soberanía, nuestros recursos y beneficios.
A pesar del discurso sobre independencia y recursos para todos, la situación ha cambiado drásticamente. El gobierno, al borde de una quiebra técnica, se ha visto en la necesidad de buscar nuevas fuentes de ingresos. Como resultado, en la reciente reunión del BRICS (citada en Kazán, Rusia) el presidente Luis Arce ha ofrecido los recursos naturales bolivianos a estos países en condiciones que resultan preocupantes. El precio de “gallina muerta”, prácticamente regalando el acceso a nuestras riquezas, sugiere que el bienestar de los bolivianos podría no estar en el centro de estas decisiones, y en su lugar, es la planilla de sueldos y salarios del aparato burocrático estatal, que podría beneficiarse de estas ventas.
El cambio hacia países que también tienen una historia de explotación en sus “invasiones económicas”, como Rusia y China, despierta serias preocupaciones. En muchos casos, estos países han sido tan depredadores, si no más, que las empresas transnacionales de las que el masismo más retrógrada pretendía liberarse. En lugar de asegurar un futuro de independencia y riqueza para todos, el masismo lo único que ha construido es una dependencia aún más compleja y perjudicial.
Las instituciones bolivianas encargadas de regular la explotación de nuestros recursos parecen haber dejado de cumplir su función. Están subordinadas al aparato central, lo cual impide un verdadero control. La situación exige que los comités cívicos, las brigadas parlamentarias independientes y, en última instancia, la ciudadanía misma, deben asumir el papel de vigilancia y protección de nuestros recursos. En un contexto donde el gobierno podría estar dispuesto a vender hasta los inodoros de las oficinas estatales, la sociedad civil debe intervenir para exigir transparencia y frenar decisiones que, en lugar de enriquecer, hipotecarán el país.
No faltarán quienes piensen que cualquier ingreso es positivo para el Estado en un momento de crisis. Sin embargo, aceptar la entrega de nuestros activos a un precio bajo sin una estrategia que asegure la creación de riqueza real no es una solución viable.
Lo que voy a afirmar a continuación puede que suene a masismo ortodoxo. Arce Catacora tomó medidas cortoplacistas que hipotecan el país a intereses extranjeros, limitando su soberanía y su desarrollo a largo plazo. Es vital entender que, en lugar de ceder a la intervención de estas potencias, el país debe estudiar alternativas que brinden un verdadero beneficio económico sin comprometer el control sobre nuestros recursos. Este es el momento para que la sociedad boliviana tome una posición activa en la defensa de los recursos naturales que le pertenecen. La venta de activos estratégicos a bajo precio y sin un beneficio claro para la población exige que la ciudadanía decente, pida transparencia y rendición de cuentas. Si el gobierno ha decidido cambiar su postura, el pueblo tiene derecho a ejercer control sobre sus decisiones, salvaguardando el bienestar de las futuras generaciones. ¿Qué tal? Masismo delirante. Quien hubiera imaginado que los bolivianos honestos se vieran urgidos de enarbolar los postulados masistas contra sus propios creadores. Que absurdo más grande. Ahora los “vendepatrias” son los masistas.


