Hasta ahora la población no ha olvidado los detalles verídicos que se han desgranado durante los últimos 20 meses sobre la trama delincuencial de las mochilas y de la serie de negociados que involucran al alcalde Leyes. Él ha recobrado su libertad, pero sus pleitos no han terminado y tampoco ha logrado una declaración judicial de inocencia, pese a la presunción constitucional que obra en su favor. ¿Leyes está libre? ¿Leyes es inocente de los cargos que le imputan? Estas dudas tan mordaces solo me impulsan a sospechar fundadamente que el alcalde ha salido físicamente de la penitenciaria de San Antonio para ingresar al panóptico de la Cancha, el lugar desventurado de nuestra ciudad donde se negocia libremente con las necesidades de la gente común.
Nadie me quita de la cabeza que el alcalde continúa inmoralmente detenido y secuestrado por sus propios compromisos con la ilegalidad que medra por cada una de las calles de nuestra ciudad. No cuesta nada ver que Leyes tiene hasta sus propios custodios, que no son otros que los dirigentes gremiales, encargados de amedrentarle para que satisfaga sus apetitos de poder y control. Los escandalosos negociados de puestos en el mercado de Santa Bárbara y la disputa criminal en la repartija de sitios para el Corso de Corsos, son los botones de muestra. Entre tanto, la administración integral de la ciudad se encuentra alejada de la atención del alcalde. Su prioridad: Multiplicar por miles los sitios para los comerciantes con sus anaqueles, estantes, casetas (de uno o de dos pisos) y otros aparatos por todas las calles de la ciudad.
Si el alcalde ha sentido en carne propia que han vulnerado sus derechos constitucionales durante todo el tiempo que ha durado ese proceso judicial para recuperar su libertad, en la misma medida del dolor sufrido tiene que demostrar que se puede liberar a toda la ciudadanía cochabambina del abuso punzante que han impuesto los comerciantes minoristas, también los transportistas, con el adueñamiento de las calles como si de su propiedad privada se tratara. La única vía que tiene Leyes para recobrar la credibilidad ante los conciudadanos es hacer algo tan sencillo como reivindicativo: Cumplir la ley.
En verdad, no creo que el alcalde Leyes deje siquiera una señal clara para revertir este escenario, son muy caras las facturas que tiene que pagar a diferentes sectores oscuros e intereses privados. Apuesto 100 a 1 que lo que menos hará es cumplir la ley y poner orden público en los mercados y en las calles; y se centrará más en colgar su foto con casco en los lugares más vistosos, hacer compras u otros negocios que resultan más interesantes desde el punto de vista de quienes con la venta de bienes y servicios a la Alcaldía también han sometido a los servidores públicos municipales. Omitir el cumplimiento de sus deberes legales en los mercados públicos da lo mismo que comprar mochilas. Para mi resulta ya un sueño que el alcalde ordene el retiro de las casetas de dos pisos de los mercados o de las calles; o que por iluminación divina firme el contrato de compra de 100 buses para mejorar el transporte urbano con el proyecto Llajtabus. Se imaginan como de moderna se vería esta ciudad que tanto amamos sin los trufis mugrientos y los micros viejos; y mejor de lindo sería caminar por las calles sin tropezar con los comerciantes que se arrastran por los suelos. Éste no es un sueño del alcalde Leyes, él tiene otros más lucrativos.


