¿El jefe indio irá a la guerra?

La conversación telefónica entre el dictador venezolano y el boliviano, fue jocosa y cargada de alimento para los bobos. Fue suficiente que Maduro califique a Evo como el “jefe indio del sur” para que se desate una escaramuza ridícula en las redes sociales y en el campo político. Hubo quienes colocaron al indio cocalero con un tocado de plumas a la usanza de los jefes cheyenes; otros no dudaron en despotricar contra la posición subordinada que asume el presidente boliviano cuando se somete a sus jefes venezolanos y cubanos; ni hablar de la defensa que hicieron algunos opositores de la dignidad del primer mandatario frente al calificativo discriminador de “indio” que le cargó el dictador del mayor narcoestado del mundo. Qué vergüenza, los opositores de antes sí que eran mejores, en cuanto a dignidad por lo menos. No quisiera imaginarme que hubiera sido de los falangistas, esos opositores de mediados del siglo XX, si es que ellos hubieran considerado discriminatorio y humillante el mote de “mono” que se acuñó para su enemigo, el jefe de los movimientistas y presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro.

Para los lectores sensatos la alusión hilarante no significó más que una cariñosa broma entre amigos, aún bajo la premisa de que ese video fue deliberadamente preparado para distraer a los incautos opositores. El narcodictador Maduro ha compartido con el indio cocalero que gobierna Bolivia una fuerte dosis de fortaleza, después de que fracasara el plan internacional de internar la ayuda humanitaria por las fronteras de Colombia y Brasil hacia Venezuela. No entró ni un alfiler, lo cual demuestra el momento favorable que vive Maduro, con más bríos para alinearse definitivamente con las tiranías más férreas del planeta que gozan de la protección del Rusia, que está librando una guerra de bajo perfil con Estados Unidos y todas las potencias económicas de Europa. Es que en esta guerra no se está luchando por las reservas petroleras, sino por la implantación en cualquier territorio de la democracia occidental o el estalinismo populista.

Como ya se sabe el jefe indio del sur ha aplaudido a rabiar el veto de  Rusia a la propuesta de Estados Unidos que obtuvo más votos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que estaba dirigida a consolidar un nuevo proceso electoral que democratice la convivencia en Venezuela y posibilite el ingreso de la ayuda humanitaria para los más necesitados. En este escenario ya queda claro que el asunto venezolano ha polarizado irreversiblemente las visiones políticas de Estados Unidos y Rusia, al extremo de colocarlas al borde de una guerra frontal y abierta, que no se pudo materializar en el infierno de Siria, guerra en la que nunca se supo quién luchaba contra quién, pero era evidente que todos luchaban contra todos. Ahora las cosas se han aclarado y las posiciones están más evidentes que nunca.

A estas alturas son pocos los que creen que todo este embrollo no derivará en una guerra abierta entre potencias y naciones; como son muy poquísimos los seres que están advirtiendo al mundo de las nocivas consecuencias de una devastadora guerra, fuera de los territorios tradicionales de enfrentamiento bélico. Todo apunta a que Venezuela entrará en guerra con Colombia y Brasil, principales aliados de Estados Unidos en la región, obligando al jefe indio del sur a aliarse con Rusia, Cuba, Corea del Norte, Irán, Siria y todo el mosaico de dictadores, mayores y menores, para defender simplemente los paraísos del narcotráfico que administran.

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