El futbol está secuestrado y todos vamos al rescate

Un hecho lamentable ha descubierto la existencia de una hermandad nefasta que reúne a algunos altos dirigentes del futbol boliviano. Sólo ha bastado registrar el exceso de poder con el que actuó el presidente de la Asociación Nacional de Fútbol (ANF) para hostigar al periodista deportivo Juan Pastén, sólo con el fin de que éste se retracte de varias sindicaciones que hizo en contra del poderoso dirigente a través de varios medios de comunicación. En Santa Cruz, Pastén fue aprendido brutalmente y vejado en el suelo de una manera bastante inaudita; él se resistió a ser trasladado con manillas hasta Cobija, y terminó siendo conducido a las celdas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, luego de una serie de eventos que más recuentan un escarmiento que una detención legal ordenada por un juez imparcial. Los gastos de todo el operativo fallido obviamente corrieron por cuenta del dirigente de la ANF o salieron de alguna cuenta común que medra con unas lealtades bastante oscuras. ¿Qué crimen cometió Pastén? Haber levantado el nombre de un todopoderoso en vano y calificar de corrupta a toda esa logia de dirigentes del fútbol boliviano, que manejan millones de dólares sin mostrar descargo alguno, entre miles de arbitrariedades y aprovechamientos ilegítimos que se entregan a la sombra de otros dirigentes, aún más poderosos, que parasitan en la Confederación Sudamericana y la Federación Internacional del Futbol (FIFA).

Es que las instituciones del futbol boliviano han tocado la esencia de la infamia. En la Liga Profesional (LPFB), la ANF y el FBF, desde hace unos tres lustros, se repite esa tarea lúgubre de desoír los alarmantes gritos de las nuevas generaciones de futbolistas, hombres y mujeres, que con ansias piden cambios profundos en el deporte y la forma de dirigir institucionalmente el futbol, ya sea visto como orgullo nacional o como patrimonio humano. Sin temor hay que recordar insistentemente que los altos ejecutivos del futbol boliviano más les conmueve el dividendo multimillonario de las publicidades mercantiles, los viajes placenteros a los congresos para ratificar padrinos, el negocio de los pases de jugadores veteranos y el empotramiento maquinado de unas deidades omnipotentes en las altas esferas de decisión del futbol mundial. Son ellos mismos los que impulsan maquillajes estatutarios para defecar sus impurezas sobre el futbol de barrio, ese que se disputa en las escuelas y ligas menores, el futbol que juegan las mujeres, ese mismo que disfrutan los padres y madres, ese deporte que se comenta con orgullo en el entierro de un jugador del siglo pasado, que murió sin ver que alguien reviva sus glorias, y lo peor es que esos mismos dirigentes son los que desprecian a los jóvenes jugadores profesionales que tiene que jubilarse a temprana edad por no encontrar una sola oportunidad para mostrar su talento.

Contra las promesas de cambio profundo en el futbol boliviano que hicieron los cofrades de la FBF en septiembre de 2010, casi en secreto y en Montero se reunieron el 26 de junio de 2011 para materializar simplemente un cambio en el calendario de los campeonatos y adecuarlo a las competiciones internacionales. ¿De qué cambios hablaban? Pero lo peor se confirmó este sábado cuando los altos dirigentes de la Liga se propusieron estudiar la posibilidad de perpetuar en sus cargos a los actuales dirigentes e impedir la fiscalización de sus gestiones pasadas, más un premio en dinero para abonar sus quebrantos. Esto es inaudito. Ya basta, esos retoques estatutarios que se amoldan a intereses tramposos tienen que terminar en la basura y a los inicuos dirigentes hay que enseñarles la puerta, de tal modo que el cambio se produzca realmente desde la médula del mundo futbolero y no desde el centro de mando de una cofradía, porque simplemente ha llegado la hora de devolver al fútbol profesional la institucionalidad secuestrada por ese comité de falsas divinidades que sólo han coleccionado fracasos y torpezas. Esta noble tarea del rescate tiene que continuar sin tregua.

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