De la coca a la “evolatría”

Luego de su último congreso, los cocaleros salieron muy fragmentados y sólo se reúnen por el don de la ubicuidad del presidente Evo Morales, que se encuentra en varios lugares al mismo tiempo, tanto en el Palacio Quemado y como en el Chapare, ejerciendo la dirigencia vitalicia del movimiento cocalero.  Los líderes cocaleros de segundo nivel han visto frustradas sus aspiraciones más egoístas para entrar en  las ligas mayores de la política boliviana, sólo por el taponazo presidencial.  Hubo muchas caras largas en ese congreso de los cocaleros.

Unos, dos, tres o equis catos de coca para cada familia cocalera y sindicalizada, es la oferta que ha servido como el mejor vehículo para garantizar la fidelidad de los seguidores presidenciales más disciplinados de la historia sindical boliviana.  Este juego político que tiene a los cocaleros como sus principales fichas, aún no ha desnudado su esencia, su trasfondo.  ¿El presidente está jugando con las necesidades o con las ambiciones de los cocaleros?.  La respuesta derivará en la idolatría o la egolatría, dependiendo de la opción que uno escoja.

Desde el punto de vista presidencial, lo más fácil sería engañar al grupo de los cocaleros con las promesas del cato de coca y otras tucuimas exportables.  El fraude, el engaño y las falsas promesas, no coinciden con la política internacional uniforme respecto de la coca y la cocaína.  Yo quisiera saber qué país del mundo autorizará la importación desde Bolivia de diez o cinco contenedores de mate de coca para su venta libre en los supermercados o en las farmacias.  No hay mercado para la coca en el exterior; y el país que por solidaridad con Evo Morales importe la coca boliviana, al día siguiente se convertirá en un país productor de droga.  ¿Ustedes creen que los contenedores llegarán a destino?

La cocaína boliviana ya no se exporta ilegalmente a EE. UU., sino se dirige a Brasil, Argentina, Venezuela, China y toda Europa; que, por desgracia, son los países donde mayor fraternidad ha logrado el presidente Morales.  Los presidentes de estos países están preocupados por la realidad del narcotráfico y tácitamente no quieren saber de la coca, ni siquiera de la importación legal del mate.

Con ingentes toneladas de coca sin exportar, en algún momento los cocaleros advertirán este embuste, y no habrá poder alguno para detener a un torbellino de cocaleros defraudados que destrozarán el Chapare y después el Palacio Quemado, con el mismo apasionamiento con el que antes siguieron a Evo Morales.  Y peor: serán los líderes cocaleros segundones y desplazados quienes capitaneen el asalto, unos por asegurar su liderazgo y otros por venganza.

En caso de que se descubra la falsedad, el jefe de los cocaleros corre el riesgo de que se muestre muy lento en su reacción y pague su impertinencia con la destitución de su ubicuo cargo. Lo único que le quedaría al presidente sería tener la valijas listas.

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