Cuando los pilotos tienen el control

Ya es evidente que sobresalientes operadores de los movimientos sociales del país, están muy comprometidos por detrás de la huelga de los navegantes del aire.  Todos ellos reclaman muchas cosas, pero en realidad quieren una.  El propósito incontestable es expropiar, por la vía de la venta forzosa de acciones en manos privadas, para nacionalizar la línea aérea boliviana, pese a quien pese y cueste a quien cueste.  La capitalización fue un fracaso en este caso.

La imagen que se ofrece en todas las movilizaciones de los aeronautas, no es otra que el pedido triunfal del retorno al capitalismo de estado y la convocatoria a la reconstrucción de la añorada empresa estatal.  Esta nacionalización, que es irreversible, obliga a razonar sobre la capacidad omnipotente y el control férreo del actual gobierno para convertir una simple “gritería movilizada” en una realidad perdurable de beneficio social.  Lo que pasa es que seguimos subestimando a los gobernantes.

Los hábiles estrategas que diseñaron el plan de gobierno de Evo Morales, en la campaña electoral de diciembre de 2005, pidieron el apoyo de los “empresarios patriotas y solidarios, comprometidos con el país y los movimientos sociales”, y que en los hechos no se estaban refiriendo a los empresarios inescrupulosos. La línea aérea boliviana, inmediatamente después de la capitalización, ha desnudado el perfil típico de la empresa insolvente que omite el pago de tributos, se apropia de las retenciones salariales, no deposita lo retenido para los seguros sociales obligatorios, no invierte ni reinvierte, despide y contrata, recontrata, juega con los salarios, además de todos los adjetivos y calificativos irrepetibles.

Este perfil, por muy falso que sea, será muy bien aprovechado por el gobierno para poner orden en el mundo empresarial del país, con un castigo ejemplar mediante la expropiación con fines sociales, que será la punta de lanza para arremeter contra cualquier empresa inescrupulosa e improductiva.  El gobierno también quiere nacionalizar, a toda costa, el buen comportamiento empresarial.  Está será la moraleja.

En días más o meses menos, las empresas estatales resurgirán y los más beneficiados serán los que en el siglo pasado y antes de la capitalización, ejercían ventajas en las empresas públicas.  Ellos sí saben lo que es el control y conocen los dividendos que genera su uso.  Entre tanto, ojala, no se hable de corrupción y prebendas.

Cuando se sabe quien tiene el control es muy probable que nunca se sepa quien tenía la razón en el problema del paro de los pilotos. 

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