Los profesionales patriotas no desfilan

Examen dominical de conciencia: ¿Desfilas para recordar victorias o derrotas? ¿Antes del desfile estas “cero” civismo? ¿Tu civismo se “recarga” con cada desfile? ¿Desfilas obligado por la autoridad? Si tus contestaciones son ambiguas, entonces debemos coincidir que los desfiles son una perfecta muestra del fracaso colectivo para lograr que los ciudadanos asuman, individual y libremente, compromisos cívicos y amor a la patria. Todos nos hemos dado cuenta que los gobernantes se complacen provocando que la gente desfile por debajo de ellos de un modo refinadamente cruel, y los que desfilan gozan al verse humillados y maltratados.

Si la lógica nos muestra que en general la población sensata repudia notablemente los desfiles, lo que no podemos explicarnos hasta ahora es por qué la Federación de Profesionales de Cochabamba se dirigió a la opinión pública para protestar porque sus “veintiún colegios” habrían sido excluidos del desfile cívico del pasado 6 de agosto. Parece que fue algún funcionario de la Gobernación que les impidió, dijo el Directorio de la Federación, “recibir” a través del desfile el reconocimiento de la ciudadanía a su labor de servicio y además de que los colegios profesionales tienen derecho a “rendir un ferviente homenaje” a la patria por su aniversario. Dos razones que me parecen lógicas, pero precisamente ¿tiene qué ser un simple desfile el que les permita “recibir reconocimiento” o “rendir homenaje”? Si la respuesta es afirmativa, entonces estamos ante una práctica premoderna y colonial que erradamente enaltece el civismo.

Si ser más boliviano encarna levantar más alto la pierna en el paso de parada, levantar el puño siniestro, cubrir el pectoral izquierdo con la mano derecha, palmotear con entusiasmo o cantar más fuerte el himno nacional, estamos muy equivocados. Los encargados de propagar el patriotismo deberían asumir papeles más honestos y destacar que se es más boliviano o boliviana cuando se hace lo correcto, o por ejemplo: cuando se pagan los impuestos y se trabaja. No es más patriota el que más desfila, pero sí lo es él que no se cuela en las filas, bota su bollo de coca masticada en el tarro basurero, respeta un paso peatonal o el semáforo en rojo; lo es también el ciudadano honrado, el buen profesional; en suma es el boliviano o la boliviana que hace bien las cosas y respeta los principios de convivencia pacífica. Esto es civismo y desfila silenciosamente frente a nosotros todos los días, en los hogares, las oficinas o las calles, sin necesidad que “reciba un reconocimiento” o un aplauso.

Napoleón Bonaparte, el ícono de la manipulación política; dijo que un gran desfile de seis horas daba mejores y significativos éxitos políticos que un mes de discursos. Entonces no es novedad que el desfile sea un medio que usa el poderoso para subyugar. Si es así, ha llegado la hora de poner punto final a estas prácticas coloniales y abusivas que tanto daño hace a nuestros ciudadanos, al extremo de provocar el inmovilismo de las instituciones más puras de nuestra sociedad. Antes del próximo desfile, deberían ser los colegios profesionales que promuevan el desprecio de estos actos eclipsados por la mediocridad, porque ya sobran los motivos para extirpar esta mala costumbre y dar paso a alguna actividad novedosa que sea útil para enfatizar el civismo.

error: El contenido textual de gonzalesyaksic.com está protegido en Bolivia por la Ley Nº 1322.